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EDITORIAL

Abusos: educación sexual para prevenir

4 de diciembre de 2019 - 02:00 Por Redacción El Ancasti

Por lo general, las estadísticas no logran transmitir en su verdadera dimensión la crudeza de la realidad que describen con sus números fríos.  Sobre todo si esa realidad es desgarradora, una suma de casos individuales que dejan secuelas imborrables en cada uno de sus protagonistas. En el caso que nos ocupa, los protagonistas son víctimas, niños o adolescentes que han sido abusados sexualmente. 

El director del Hospital de Niños, Miguel Ángel Morandini, señaló en declaraciones a una radio local que en los últimos diez meses se registraron 145 casos de niños abusados. La cifra es impactante, pero resulta devastador, casi imposible de asimilar, pensar en la tragedia a la que han sido sometidos esos chicos.

Tarea imposible es determinar con cierto grado de precisión la cantidad de chicos abusados, o una proporción de ellos respecto del total general. Es que no siempre los abusos son detectados, mucho menos denunciados por las propias víctimas. En el Hospital existe un protocolo que se activa ante cualquier sospecha. Intervienen, entonces, además de los médicos que atienden al niño o al adolescente, psicólogos y trabajadores sociales. Si hay signos, o al menos sospechas fundadas, los casos son denunciados ante la Justicia. De modo que si un niño abusado concurre al centro de salud para ser revisado por cualquier molestia o enfermedad, es muy probable que el abuso sea detectado. Pero esa detección es mucho más difícil si no es atendido por un facultativo capacitado.

La gran mayoría de los abusos sexuales infantiles (ASI), en general, no solo los detectados en el centro asistencial mencionado, han sido perpetrados por personas del círculo familiar de los niños. En los casos que han ido a juicio este año en los tribunales catamarqueños, la mayoría de los acusados eran padres, padrastros, tíos, abuelos o hermanos de las víctimas. Se comprenderá la escasa posibilidad de que un niño revele los abusos a los que es sometido si el victimario es un familiar suyo y si no tiene las herramientas necesarias para animarse a revelar el drama que vive.
Es este contexto que cobra una gran importancia la Educación Sexual Integral (ESI), que brinda esas herramientas. Por ejemplo, a que los chicos diferencien los vínculos afectivos de los abusivos, identifiquen comportamientos violentos, conozcan sus cuerpos y cómo cuidarlos. También en las escuelas donde se dicta la ESI existen protocolos de actuación que los docentes deben seguir cuando se revelan situaciones de abuso.  

Una de las pocas provincias en las que la ESI se dicta con cierta sistematicidad es Santa Fe. Durante el ciclo escolar 2018, el Ministerio de Educación de esa provincia relevó 368 casos de abuso sexual infantil y adolescente detectados gracias a los contenidos de la Educación Sexual. 
Para evitar los abusos es esencial que los chicos estén contenidos. Como no siempre ese acompañamiento puede venir, por las razones expuestas, del entorno familiar, el Estado tiene un papel central que cumplir, fundamentalmente a través de los sistemas de salud o educativo.

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