lunes 10 de agosto de 2026
Editorial

Ajuste en la ciencia: la pregunta por el modelo de país

El desmantelamiento del sistema científico y tecnológico argentino sigue a paso firme. Bajo la administración de Javier Milei, la ciencia dejó de ser considerada una política de Estado para convertirse, en los hechos, en una de las áreas sobre las cuales se descargó con mayor severidad la política de ajuste.

Según un reciente informe del Grupo EPC-CIICTI, desde diciembre de 2023 se destruyeron unos 6.400 puestos de trabajo en el sector científico y tecnológico de Argentina. De ellos, 5.680 corresponden a organismos dependientes directamente de la Administración Pública Nacional. El CONICET perdió 2.051 profesionales; el INTA, 884 trabajadores; el INTI, 861; y la Comisión Nacional de Energía Atómica, 592. También fueron afectados el Servicio Meteorológico Nacional y la estructura de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología.

Para 2026, la Función Ciencia y Técnica representaría apenas el 0,140 por ciento del PBI, el menor nivel desde que existen registros, con una caída acumulada del 50,8 por ciento desde 2023.

El ajuste se llevó puesto a investigadores, técnicos, becarios y profesionales cuya formación demandó años de inversión y que constituyen una parte esencial de las capacidades que un país necesita para producir conocimiento y convertirlo en desarrollo.

La cuestión de fondo es qué modelo de país se configura a partir de este tipo de políticas. La ciencia y la tecnología son instrumentos mediante los cuales los países consiguen dejar de ser dependientes, agregar valor a sus recursos y mejorar su productividad.

Bajo la administración de Milei, la ciencia dejó de ser considerada una política de Estado para convertirse en una de las áreas sobre las cuales se descargó con mayor severidad el ajuste. Bajo la administración de Milei, la ciencia dejó de ser considerada una política de Estado para convertirse en una de las áreas sobre las cuales se descargó con mayor severidad el ajuste.

Para Catamarca, esta discusión tiene una importancia evidente. La explotación del litio y de otros recursos mineros abre oportunidades extraordinarias, pero también encierra el riesgo de reproducir un viejo esquema de economía primaria: extraer, exportar y depender de otros para las etapas de mayor incidencia tecnológica.

La paradoja es clara. Mientras el país necesita desarrollar capacidades para aprovechar mejor sus recursos naturales, el Estado debilita justamente las instituciones que podrían contribuir a hacerlo. Mientras se reclama aumentar la productividad y la competitividad, se reducen los instrumentos destinados a generar innovación, y mientras se plantea la necesidad de atraer inversiones, se deteriora parte del capital humano que hace posible que esas inversiones encuentren en la Argentina algo más que recursos naturales disponibles para su extracción.

El debilitamiento de esas capacidades tiene, además, un efecto particularmente pernicioso, porque alimenta la fuga de talentos. Jóvenes investigadores y profesionales que fueron formados, en buena medida, con recursos públicos, encuentran crecientes dificultades para desarrollar sus carreras en el país y terminan buscando oportunidades en el exterior.

La experiencia internacional demuestra que los países que consiguieron transformar sus economías lo hicieron mediante una combinación de educación, investigación, innovación, inversión y políticas públicas sostenidas en el tiempo. Ninguna economía avanzada alcanzó ese lugar resignando capacidades científicas para depender exclusivamente de la exportación de recursos naturales.

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