|| CARA Y CRUZ ||

Maldita matrícula

lunes, 2 de diciembre de 2019 · 02:00

Este fue el primer año en que la relación entre el Ministerio de Educación y los colegios privados por el cobro de la matrícula o “reserva de asiento” para el siguiente período lectivo llegó a un nivel de máxima tensión. Porque si bien en años anteriores la cartera provincial les comunicaba que regía un límite en el monto, o lo hacía tarde –cuando ya los padres habían pagado- o directamente se atenía a la doctrina del hecho consumado y permitía que todo siguiera su curso. 

Pero esta vez, quizás por el hecho de que la crisis económica argentina se agudizó aún más, la situación fue distinta. Educación dictó la resolución 602/19 que establece que el valor de la matrícula para 2020 debe ser equivalente al de una cuota del arancel mensual, y advirtió a los colegios que deberían reintegrar la suma excedente a los padres y tutores en caso de que ya hubieran empezado a cobrar. 

No obstante, tanto los colegios privados como los confesionales ya habían presupuestado sus ingresos con una matrícula cuyo monto representaba el doble –o más en algunos casos- que el valor de la cuota mensual. Algunos colegios religiosos anticiparon la reserva del asiento por un monto de entre 1.500 y 3.500 pesos, mientras que en los privados era de entre 4.500 y 5.000 pesos. 
En rechazo a la resolución, las instituciones presentaron pedidos de reconsideración, los cuales fueron rechazados a través de otra resolución. La decisión motivó una reacción dispar de los involucrados: los confesionales salieron a justificar en público su posición, mientras que algunos privados avanzaron, calladitos, con su plan original. Unos y otros, por cierto, en abierta confrontación con la cartera educativa. 

La relación Estado-privados ingresó así en un punto de conflicto muy delicado.


Fue allí cuando el ministro Daniel Gutierrez salió al contraataque. Aclaró que en Catamarca, a diferencia de la mayor parte de las provincias, el subsidio estatal es del 100% de la planta orgánica funcional de los colegios de gestión privada, cuando la propia Ley de Educación Privada establece una base del 50% para tal aporte. 

“La mayoría de los chicos que van a las escuelas de gestión privada son hijos de personas asalariadas, y el monto de los salarios no creció de la misma manera que las cuotas”, afirmó Gutierrez.

Usualmente, esos valores se fijaban de acuerdo con el incremento del presupuesto provincial, que para el año próximo prevé un aumento de poco más del 50%. O sea que las matrículas, al ser el doble de un arancel mensual, están desfasadas exactamente un 50%.

En su defensa, los colegios privados aseguran que el subsidio del Estado no cubre otros servicios que ofrecen a los alumnos, como las actividades extracurriculares, herramientas tecnológicas y personal no docente, además de los gastos de mantenimiento. 

Pataleos aparte, Educación mantuvo su postura y dio por cerrado el asunto. Aunque también parecen que lo hicieron algunos colegios, que decidieron pasar por alto el tope oficial y cobrar lo que ya habían previsto. 

Es el caso del FASTA. Un grupo de padres presentó una nota a Educación, por la cual le piden que interceda ante los directivos de ese colegio por cuanto les advirtieron que si no pagan la matrícula –que es de $3.500- sus hijos perderán la vacante del año próximo. 

Aseguran que cuando preguntan por qué razón no cumplen la resolución ministerial, les responden que apelaron otra vez y que hasta que se resuelva deben pagar el monto en cuestión. “No pedimos que nos bajen la cuota, sino que se ajusten a lo que está autorizado por Educación, ya que es una institución subsidiada por el Estado”, declaró a Radio Ancasti un padre que tiene dos hijos en ese colegio. Es decir, en su caso tendría que desembolsar $7.000 para asegurarles el asiento. 

Si pretende que su autoridad aún tenga preeminencia, Educación debería intervenir con mayor firmeza en los colegios privados, hacer auditorías y aplicar sanciones en caso de inobservancia de la norma, tales como suspender o reducir el subsidio estatal. De lo contrario, todo quedará como una puesta en escena con el mismo desenlace de siempre.

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