Editorial

Planeros

El neologismo “planero” tiene una evidente connotación despectiva. Con ella...
domingo, 20 de octubre de 2019 · 02:09

El neologismo “planero” tiene una evidente connotación despectiva. Con ella, desde una visión estigmatizante, se identifica a las personas que son beneficiarias de planes sociales. Su uso extendido funciona casi como un insulto: planeros son los pobres que no quieren trabajar y se conforman con vivir de subsidios estatales, de planes.

Esta visión, muy extendida entre las franjas medias y altas de la pirámide social, se basa en prejuicios que indefectiblemente se derrumban a poco de contrastarlos con la realidad. 

Sin negar la existencia de planes sociales concebidos con propósitos clientelares, en general el plan social no es “un subsidio al vago”, sino un aporte estatal a las personas que se encuentran en situación de pobreza e indigencia, excluidos del mercado laboral. Es decir, que no tienen trabajo o tienen uno precario e informal, de escasa calidad, lo que les impide tener ingresos suficientes como para cubrir la canasta básica y en algunos casos ni siquiera la canasta alimentaria.

La permanencia de los planes, que se han multiplicado en los últimos años al ritmo del crecimiento de la desocupación y la pobreza, es la constatación de las enormes dificultades que tiene la economía para generar un mercado laboral de calidad y sin exclusión social. Los planes sociales, como subsidio estatal al que está excluido del sistema o con evidentes restricciones para ingresar o mantenerse en el mercado del trabajo, existen en todos los países. Y en los países desarrollados en mayor magnitud que en los subdesarrollados.

Un trabajo elaborado por el sociólogo Diego Born, Becario Doctoral Conicet – UBA, basado en datos estadísticos oficiales, desarticula la creencia de que los pobres viven del asistencialismo. El artículo, publicado por ámbito.com, señala que, en los hogares pobres de la Argentina, el 70,5 por ciento de los ingresos provienen de ocupaciones laborales (sin contabilizar planes sociales o de empleo), un promedio casi similar al de los hogares no pobres (73,0 por ciento).

“La Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC deja en evidencia que la gran mayoría de los ingresos de los hogares pobres procede del mercado de trabajo. De hecho, la proporción de los ingresos provenientes del trabajo en los hogares pobres es similar a la de los hogares no pobres. En contrapartida, las transferencias monetarias directas dirigidas a la población vulnerable (planes de empleo y capacitación, AUH, becas escolares y similares) son apenas un complemento”, sostiene Born.

Hay una anécdota ocurrida en el Coloquio de Idea que es demostrativa de la perspectiva asumida por el sociólogo. Eduardo Levy Yeyati, director de Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, le hizo la siguiente pregunta a un auditorio de empresarios del Coloquio de Idea: “Traigo un piquetero acá y el piquetero les dice: ‘Más que salir a protestar, quiero tener trabajo.

Es más, me ofrezco a trabajar, ustedes son empresarios, son dueños de empresas, quiero trabajar por el precio que ustedes quieran´ ¿Cuántos de ustedes le darían trabajo?” Había mil empresarios presentes, pero solo tres levantaron la mano.


 

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