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EDITORIAL

Sobre la inutilidad del profiláctico

27 de julio de 2018 - 04:35 Por Redacción El Ancasti

El tren del debate sobre el proyecto de despenalización del aborto parece haber descarrilado definitivamente. Las declaraciones del médico Abel Albino terminaron de alterar un proceso que arrancó muy bien a principios de marzo, se extendió rápidamente, porque prendió en una sociedad dividida otra vez en posturas irreconciliables pero ávidas de comprometerse con sus posturas, pero fue de a pocos desvirtuándose, con las opiniones más serias ocultas por prejuicios, agresiones y amenazas y al mismo tiempo relegadas ante otras con mayores ribetes de escándalo. Al punto que hoy la discusión se centra en la inutilidad o no del profiláctico.

Los quebrantos actuales no alcanzan, sin embargo, para opacar los logros alcanzados en estos meses. Es decir, lo que la sociedad argentina ganó al abordar una discusión que hasta este año había estado soterrada, circulando apenas en ámbitos subterráneos, sin emerger a la superficie de los grandes temas de la política nacional.

A favor y en contra del proyecto que actualmente se encuentra en el Senado de la Nación expusieron notables representantes de las más diversas disciplinas y mujeres que aportaron sus perspectivas fundadas en experiencia vitales. El resultado fue enriquecedor. Pero de a poco el saludable clima de intercambio de opiniones fue mutando.

Lo señalado ayer por Albino corrobora la pendiente pronunciada en la que se precipita la calidad del debate. El médico, de reconocida trayectoria en la lucha contra la desnutrición infantil, fuerza retrocesos impensados cuando se pone a opinar respecto de temas vinculados a temas relacionados con el sexo. Llegó al debate en el Senado con los antecedentes de rechazar la implementación de la Educación Sexual Integral en las escuelas, considerar a la homosexualidad como "un problema" y a la masturbación como "una adicción que genera tiranía", entre otras posiciones oscurantistas. El miércoles añadió una postura que es rechazada por toda la comunidad científica, sin excepciones conocidas: el preservativo no sirve para nada.

Los desatinos del facultativo "pro vida" se desviaron, como puede apreciarse, hacia andariveles distintos del debate para el que fue convocado. No debe ser motivo de burla la opinión que tiene sobre la inutilidad del profiláctico, porque se trata de un médico respetado, aunque en otras competencias, y que aparece frecuentemente en los medios, formando opinión.

Décadas de campañas a favor del uso del preservativo, que ha sido un factor clave en la lucha contra el virus del HIV y de las enfermedades de transmisión sexual, pueden ser injustamente cuestionadas ahora por la apreciación de Albino en sentido contrario.

Entre las argumentaciones disparatadas y la escalada de agresiones cruzadas, difícilmente en los días que quedan hasta el 8 de agosto, jornada prevista para la votación del proyecto de ley en el Senado, pueda el debate encarrilarse debidamente.

El saldo, sin embargo, debe ser considerado positivo. Pocos temas han merecido un intercambio tan intenso como el de la despenalización del aborto. El deslucido final del proceso no invalida lo anterior, y en todo caso deberá servir como enseñanza, para no repetir la experiencia, acerca de cómo es posible viciar un debate virtuoso que irrumpió casi imprevistamente en la vida de los argentinos.

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