(A la memoria de Daniel Córdoba, amigo entrañable, lúcido hacedor de política universitaria)
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La reforma universitaria de 1918
“Trabajemos por la grandeza de la futura universidad, que es trabajar por el engrandecimiento de la República”.
(Osvaldo Loudet, presidente de la FUA. Discurso en el 1er. Congreso Nacional de Estudiantes, Córdoba, 1918).
A cien años del acontecimiento académico, cultural y social más trascendente de la historia de la universidad argentina, queremos rendir justo homenaje a la Reforma Universitaria de 1918 y a sus destacados protagonistas.
La gesta histórica protagonizada por jóvenes estudiantes en los albores del siglo XX se produce en la Universidad de Córdoba pero no sorprende. En “Facundo” Sarmiento decía: “La ciudad es un claustro encerrado entre barrancas; el paseo es un claustro con verjas de fierro; cada manzana tiene un claustro de monjas o frailes; los colegios son claustros; toda la ciencia escolástica de la Edad Media es un claustro en que se encierra y parapeta la inteligencia, contra todo lo que salga del texto y el comentario. Córdoba no sabe que existe en la Tierra otra cosa que Córdoba”.
La Reforma de 1918 se produce en la Universidad, pero el alcance de este hecho significativo trasciende el reclamo académico-científico, pues en definitiva lo que cuestiona es la distribución de poder de la sociedad cordobesa, la enorme influencia de la Iglesia y los sectores privilegiados que se habían apropiado del Estado en un contexto político y cultural marcado por la hegemonía clerical-conservadora. A principios del siglo XX, la Universidad de Córdoba reproducía la distribución del poder real y simbólico de las clases privilegiadas (Scotto, 2008: 9). El Manifiesto Liminar, síntesis perfecta del ideario reformista, lo expresa claramente: “Córdoba se redime... La rebeldía estalla y es violenta porque aquí los tiranos se habían ensoberbecidos y era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contrarrevolucionarios de Mayo. Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes…el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil”.
La Reforma es producto de una época; la Revolución Mexicana, la Revolución Rusa van creando un clima de cambios profundos en todo el continente; en nuestro país, pasados los festejos del Centenario de 1910, el régimen oligárquico se encuentra desafiado por el ímpetu de las fuerzas sociales, económicas y políticas que exigen su fin. En 1916, Hipólito Yrigoyen, figura clave en este proceso, llega a la presidencia. La llegada del radicalismo al poder confirmará desde el campo de la política esta tendencia del cambio. Y habrá otros radicales que más tarde levantarán la bandera reformista, Amadeo Sabattini, Arturo Illia, sin desconocer la presencia de Gabriel del Mazo, Enrique Barros y Medina Allende, estos dos últimos firmantes del Manifiesto Liminar. Pero no solo los radicales defienden el ideario reformista, es interesante la adhesión de izquierda a derecha, desde jóvenes enrolados en el comunismo hasta el ala liberal del partido conservador. Por el contrario, la Reforma tuvo el rechazo manifiesto de sectores referenciados en el nacionalismo y el conservadurismo.
La Reforma tiene la impronta de la juventud, se sabe que los jóvenes estudiantes constituyen una fuerza movilizadora del proceso social. Muchos jóvenes reformistas son verdaderos intelectuales; son románticos, idealistas, pues según la pluma magnífica de Deodoro Roca, “la juventud vive siempre en trance de heroísmo. Es desinteresada, es pura. No ha tenido tiempo aún de contaminarse”.
La Reforma se desarrolla en la Universidad de Córdoba, pero intervienen destacados estudiantes de distintas provincias: Horacio Valdez, catamarqueño; Enrique Barros, riojano; Gumersindo Sayago, santiagueño; Bordabehere, santafesino. Valdez y Barros dirigirán el periódico “La Gaceta Universitaria” donde se publicará el célebre Manifiesto Liminar.
Un hecho destacable que involucra a estos jóvenes del interior tiene lugar en septiembre de 1918 cuando toman la universidad y se hacen cargo del poder político y administrativo. Los principales dirigentes designan profesores y funcionarios: Horacio Valdez será Decano de Derecho; Enrique Barros de Medicina e Ismael Bordabehere de Ingeniería. Los estudiantes constituyen los tribunales examinadores y lejos de lo que pudiera imaginarse abundan los aplazos. También se cuenta una anécdota protagonizada presuntamente por Valdez y Bordabehere: derribaron una estatua de un profesor al que consideraban la antítesis de los ideales reformistas. Al costado de la estatua derribada escribieron: “En Córdoba sobran ídolos y faltan pedestales”.
Un aporte esencial que realiza el movimiento reformista es el enlace vital de lo “universitario con lo político”; los reformistas fueron vehículo para la politización de la universidad; siguiendo los pasos del APRA peruano, encabezado por Raúl Haya de la Torre, quisieron crear un partido que actuara en la arena política, aunque no fue posible. Julio V. González, uno de los máximos ideólogos de la Reforma sostenía: “Si de la Reforma Universitaria hacéis el gran partido nacional, habréis hecho a la vez de la universidad la matriz de la nueva conciencia política de la nación”.
Cuando hay un clima de efervescencia y voluntad de cambio, una cuestión menor puede desencadenar un hecho trascendental. La revuelta estudiantil empezó por un reclamo de los estudiantes ante el cierre de las guardias del Hospital de Clínicas. El movimiento reformista encuentra enormes resistencias. Un rector amenaza con reprimir con violencia extrema; dice el Manifiesto: “No podemos dejar librada nuestra suerte a la tiranía de una secta religiosa… el que se titula rector de la Universidad de San Carlos ha dicho su primera palabra ‘prefiero antes de renunciar que quede el tendal de cadáveres de los estudiantes”. Los reformistas son decididamente anticlericales. Tendrán que enfrentar a la poderosa “Corda Frates”, ariete de los sectores clericales, autodefinidos como “una tertulia de doce caballeros católicos”.
Los estudiantes se dirigen a Yrigoyen pidiendo la intervención de la universidad argumentando que está en manos de “una viciosa oligarquía educacional, condenada por todo el país, por la ineptitud docente y administrativa de sus miembros, por su inferioridad científica y por la voracidad de sus apetitos”. Yrigoyen interviene la universidad pero aún así los hechos posteriores que se suceden llevan a los estudiantes a sublevarse y el 15 de junio toman el edificio, declaran la huelga y unos días más tarde, el 21 de junio, publican el Manifiesto Liminar, joya estética y política, escrita por Deodoro Roca.
A cien años de la Reforma cabe preguntarnos cuál es el legado del movimiento reformista y cuál es su significado en estos tiempos. El modelo universitario argentino actual se basa en el diseño institucional y la propuesta programática de los reformistas. La Reforma no fue una rebelión más, fundó instituciones aún vigentes: la autonomía universitaria, el cogobierno, los concursos docentes, la periodicidad de las cátedras, la libertad de docencia. Estas instituciones son las que legitiman hoy la universidad pública. La Reforma fue un movimiento con fuerte identidad nacional y que pronto se proyectó a toda Latinoamérica, abrió las puertas de las Casas de Estudios Superiores al pueblo, sufrió los embates de los gobiernos autoritarios hasta consolidarse a partir de la recuperación democrática aunque el neoliberalismo de los noventa la amenazó de muerte para finalmente constituirse en pilar donde se asienta el sistema universitario argentino.
Quienes formamos parte de la universidad pública debemos mirarnos cada día en el espejo de la Reforma, no por nostalgia, sino como acicate para seguir defendiendo sus postulados básicos y como reaseguro frente a claudicaciones que nos pudieran alejar de su ideario, que no es otro que buscar una educación superior de excelencia, inclusiva, siempre al servicio de los intereses más puros de nuestra patria. La Reforma fue un hecho extraordinario. Como decía Yrigoyen, actor imprescindible de este logro histórico: “Asistimos a una hora de grandes reparaciones y renovación de todos los valores. Hemos satisfecho uno de los palpitantes anhelos nacionales”.
Gustavo Alfredo Lazarte
Vicedecano FCEyA - UNCA
Bibliografía consultada:
•La Reforma Universitaria (1918-2006) Alberto Ciria - Horacio Sanguinetti. Universidad Nacional del Litoral, 2006.
•La Reforma Universitaria. Desafíos y perspectivas noventa años después. Emir Sader. Hugo Aboites. Pablo Gentilli. CLACSO LIBROS, 2008.
•La Universidad Reformada. Hacia el centenario de la Reforma Universitaria de 1918. Compilado por Mario Albornoz y Manuel Crespo. EUDEBA, 2017.
•Historia de las Universidades Argentinas. Pablo Buchbinder. Editorial Sudamericana, 2010.
•La Gaceta Universitaria 1918-1919. Una mirada sobre el movimiento reformista en las universidades nacionales. EUDEBA, 2009
•Deodoro Roca. Obra Reunida III. Escritos jurídicos y de militancia, edición preparada por Guillermo Vázquez y Diego Tatián, estudios preliminares de A. Bisso, C. Tcach y María P. López. Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba, 2009.
•Deodoro Roca. Obra Reunida IV. Escritos políticos, edición preparada por Guillermo Vázquez y Diego Tatián, estudios preliminares de E. Rinesi, M. Bergel y Horacio González. Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba, 2012.
•Saúl Taborda. Escritos políticos 1934-1944/ Escritos póstumos. Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba, 2011.