En el caso de los docentes tinogasteños que sacaron licencia por largo tratamiento para viajar al Mundial de Rusia, es notorio lo tímido de la reacción de la comunidad educativa en general. Deben esperarse, por supuesto, los resultados de los sumarios iniciados por la dirección de Reconocimientos Médicos del Ministerio de Educación. Sin embargo, como hasta el momento la identidad de los presuntos infractores no ha trascendido, puede intentarse alguna reflexión sobre los alcances del hecho, al margen de sus protagonistas, en términos de aporte a la degradación de la noble profesión docente, sobre todo si se lo concatena con otras maniobras tramposas usuales, denunciadas a veces, pero en muy pocas ocasiones sancionadas con el rigor que se supone debería aplicarse. Lo de las licencias docentes ilícitas es asunto tan acendrado y añejo que llevó a crear en la administración pública un área específica para fiscalizar al sector. Que los pedidos de licencia hayan disminuido significativamente desde que esta dirección de Reconocimientos Médicos especial se puso en funcionamiento es indicio de los abusos perpetrados cuando los controles eran menores. Pero deben considerarse también otras conductas no menos perniciosas. Los aprovechamientos de las “comisiones de servicio” para cobrar sin trabajar, por caso, o las malversaciones en cooperativas y comedores escolares, que se conjugan con tropelías cometidas en la misma cartera educativa para configurar un panorama decepcionante.
- El Ancasti >
- Opinión >
Contribuciones a la degradación
La cuestión es que las corporaciones docentes, de singular combatividad cuando de discutir sus derechos y haberes se trata, se repliegan en la abulia cuando las miserias de algunos de sus integrantes quedan expuestas. No se trata de promover la delación, sino de advertir el perjuicio que esta indiferencia provoca al sistema educativo, ya que deviene en una generalización del desprestigio que no deja de existir por injusta que sea. La polémica tinogasteña es ejemplar en tal sentido. Un grupo de docentes obtiene, con la complicidad de médicos, licencia por largo tratamiento y se va de expedición a Rusia. Ya es raro que organizaran viaje tan costoso, más todavía tras las devaluaciones que llevaron al dólar a casi 30 pesos, sin que nadie se enterara en los pagos tinogasteños. Los docentes, se dice, cobran poco, así que esto de que un grupo contarar con los recursos para irse a Rusia debió ser por lo menos curioso. Pero en definitiva, cualquiera tiene derecho a viajar a donde se le antoje si le da el bolsillo y el crédito. Lo realmente grave es que perpetraran un fraude, con tanta torpeza, aparte, que colgaron imágenes en las redes sociales para que la avivada no pasara desapercibida.
Alumnos y familias tienen todo el derecho a plantearse dudas acerca de la catadura ética de quienes imparten la educación en Catamarca y de la incidencia que su ejemplo tiene en la formación. Personas que hacen trampa y, encima, carecen hasta de la mínima astucia de la discreción: tal el modelo que se les propone a muchos alumnos. Dejando de lado la competencia para dictar los contenidos curriculares, el respeto debe ganarse. El Ministerio de Educación, sobre todo ahora que el caso cobró estado público, hará lo que tenga que hacer ¿Y los gremios? ¿No tienen nada que decir? ¿No les parece lamentable? ¿Y los muchos docentes capaces y comprometidos que hay en la provincia? La tolerancia a las argucias termina extendiendo el desprestigio. Y eso se nota cuando los docentes requieren solidaridad para defender y mejorar sus condiciones laborales.