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Cara y Cruz

Contornos extorsivos

La abogada Natalia Páez y el referente de FAVIATCA), Julio Sánchez Reynoso...
16 de mayo de 2018 - 04:20 Por Redacción El Ancasti

La abogada Natalia Páez y el referente de FAVIATCA), Julio Sánchez Reynoso, aseguraron que los diálogos grabados que el padre de Elián Kotler presenta como alternativas de un chantaje, fueron en realidad parte de negociaciones tendientes a un acuerdo que permitiera a las partes eludir las traumáticas circunstancias del proceso judicial por el accidente en el que murió Pablo Camaño. La versión, desmentida desde el lado de los Kotler, podría ser cierta, pero la participación de Sánchez Reynoso en las tratativas despierta sospechas lo suficientemente fuertes como para dudar de ella. Ni Sánchez Reynoso ni FAVIATCA, hechura suya, tienen atribuciones legales para negociar condiciones entre las partes de un accidente. No obstante, de acuerdo a las grabaciones, es Sánchez Reynoso el que regatea con Kotler padre el precio de la libertad de Elián; le admite a Kotler que los $10 millones que supuestamente pretende la familia Camaño son “una locura”, propone otras cifras -menores, pero siempre millonarias-, calcula cuánto se le puede sacar a la compañía de seguros, pregunta a su interlocutor hasta cuánto se puede estirar ¿En calidad de qué negocia Julio Sánchez Reynoso? ¿Qué es lo que podría obtener Kotler padre de Sánchez Reynoso?  En principio, si bien no tiene poder como abogado, ya que no lo es, Sánchez Reynoso tendría posibilidades de incidir sobre la estrategia de la abogada de los Camaño, Páez, asignada por FAVIATCA. Sin embargo, esta supuesta influencia no puede ser lo más importante, pues Kotler y la abogada podrían prescindir de Sánchez Reynoso como intermediario. El poder de Sánchez Reynoso, entonces, debe ser otro. 

Es evidente: la abogada Páez está en condiciones de acordar directamente con Kotler en nombre de los Camaño, pero no de ofrecer la pasividad de FAVIATCA sin la participación de Sánchez Reynoso. Sánchez Reynoso negocia desde su capacidad para movilizar a FAVIATCA en contra de los reos de homicidio culposo. Kotler asegura que el referente de FAVIATCA le sacó más de un cuarto de millón de pesos para no someterlo a escraches. Esto debe todavía probarse. Lo que no precisa de prueba alguna es que lo único que tenía Sánchez Reynoso para vender era que FAVIATCA se abstuviera de hostigar a Kotler y a su familia con manifestaciones públicas y escraches. La secuencia señalada por Kotler es interesante en este sentido. Los escraches y la virulencia desplegadas por FAVIATCA en el caso remitieron tras un breve período de insurgencia.

Sánchez Reynoso carecerá de atribuciones legales, pero juega con la autoridad moral que le da el hablar en nombre de las víctimas, robustecida por el hecho de que él mismo perdió un hijo en un accidente hace más de una década. Esta autoridad moral, autoatribuida pero legitimada en los nobles objetivos de velar por el respeto a los intereses de las víctimas que dieron origen a FAVIATCA, ha comenzado a agrietarse con las revelaciones de caso Kotler. Los contornos extorsivos de la imagen de FAVIATCA resultan ya inocultables, pues las acusaciones públicas de Kotler padre son similares a una gran cantidad de rumores que circulan desde hace tiempo en el foro local. Nadie se atrevió hasta ahora a plantar cara por temor a las represalias de los animadores de FAVIATCA que podían caerles encima. No hay necesidad de esperar el desenlace de las investigaciones por el supuesto chantaje a Raúl Kotler para advertir el retroceso en la credibilidad pública de la organización fundada y acaudillada por Julio Sánchez Reynoso, expuesto en un regateo para acomodar variables económicas de un proceso judicial al que es ajeno. Posibilidades de manipulación a dos puntas: del dolor de las víctimas de accidentes, por un lado, y de la angustia de las familias de los responsables de estos accidentes, por el otro. Despojada de credibilidad, FAVIATCA pierde todo sentido social y queda reducida a instrumento del chantaje; canjea sus altruistas metas originarias por el vulgar afán de lucro.
 

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