La conducta desplegada por la Casa Rosada en la controversia por los tarifazos energéticos descubre la falacia del gradualismo, término utilizado para postular la existencia de un supuesto espíritu humanitario que posterga, pese a la urgencia por cerrar cuentas, la aplicación de medidas brutales. Lo selectivo del gradualismo macrista ya se había manifestado en ocasión de la reforma previsional. Lo expeditivo del manotazo a los jubilados contrastó con los extensos plazos dispensados a la clase política, encarnada en este caso por los gobernadores, para acomodar sus entuertos financieros. En las concesiones de los compasivos gradualistas hacia la clase política estuvo la clave del exitoso bolsiqueo a la clase pasiva, ejecutado sin demoras. Ahora, con el tarifazo, el Gobierno nacional gana a dos puntas: deja de pagar subsidios a la energía pero además, y acaso esto sea lo más importante, incrementa de modo exponencial lo que recauda en concepto de impuestos en cada boleta, que es un porción muy significativa. Ahorra y embucha, y lo que embucha lo reparte con criterio electoral.
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Gradualismo selectivo
La política no se somete a ajuste alguno, pero es particularmente beneficiada por el gradualismo selectivo la provincia de Buenos Aires, gobernada por la macrista María Eugenia Vidal, que recibirá más 100 mil millones de pesos extra entre este año y el próximo. Los alardes de federalismo de “Cambiemos” se estrellan contra el muro de las decisiones concretas: el diseño electoral prima y concentra ventajas en el distrito de padrón más numeroso del país. Si la clase política en general evita restringir sus gastos, la clase política bonaerense consigue incrementarlos. Mientras tanto, la cincha se ciñe impiadosa sobre la sociedad.
En su alocución en la frustrada sesión para tratar los tarifazos, el diputado nacional catamarqueño Gustavo Saadi subrayó otros aspectos de la inequidad. La presión implacable de la mayorista CAMMESA sobre las empresas distribuidoras provinciales, simultánea a significativos beneficios otorgados a las privadas EDENOR y EDESUR, por un lado. Por el otro, el hecho de que el interior paga una tarifa hasta 8 veces superior a la de los usuarios de Ciudad y provincia de Buenos Aires, brecha que profundizó el kirchnerismo y que el macrismo no ha hecho nada por revertir. Saadi señaló el grave perjuicio que esto implica para las economías regionales, ya en desventaja por los costos logísticos muy superiores a los de la Pampa Húmeda que deben afrontar.
La selectividad del gradualismo macrista se manifiesta de tal modo en dos aspectos. El político, pues la política no se ajusta, y el demográfico-electoral, pues los distritos con mayor cantidad de electores hacen un esfuerzo muy menor al de los de padrón raquítico, lo que expone al criterio proselitista como cumbrera de la gestión nacional. Indicio de la primacía del electoralismo es también que el presidente Mauricio Macri recién se dispusiera a contemplar atenuantes para el tarifazo cuando se lo reclamaron sus socios políticos de la Coalición Cívica, comandada por Elisa Carrió, y la UCR, presidida por el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo. Carrió, porteña, obtiene por lo general más visibilidad mediática, pero atenti a Cornejo. Bajo su mando, la UCR ha pasado a la ofensiva y, en su carácter de gobernador de una provincia del interior, donde el tarifazo castiga con más rigor, plantea la encrucijada de las economías regionales en las entrañas mismas de un Gobierno nacional que ha elegido –otro síntoma de gradualismo selectivo- ignorarlas.