De tan frecuente, casi que se ha vuelto un clásico: aspirantes a policías terminan internados, algunos de ellos con severas complicaciones de salud, porque son “bailados” por los instructores.
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Volvieron los bailes
En Catamarca se han registrado varios episodios de este tenor, pero el último conocido ocurrió en La Rioja. La diferencia entre éste y los que han sucedido en nuestra provincia consiste en la actitud que han tomado las autoridades políticas y los responsables de la fuerza de seguridad.
En la vecina provincia, cinco policías que integran la cúpula del Instituto de Seguridad fueron detenidos luego de que se conociera que 10 aspirantes a ingresar a la Escuela de Cadetes, entre ellos dos mujeres, debieron ser internados, descompensados por las condiciones extremas a las que fueron expuestos durante el primer día de instrucción.
Siete de los jóvenes fueron a terapia intensiva, y hay dos en grave estado.
El gobierno riojano tuvo la actitud proactiva que corresponde en estos casos: inmediatamente conocido el hecho, el ministro de Gobierno presentó una denuncia penal al Ministerio Público Fiscal, tras lo cual la Secretaría de Seguridad dispuso arrestar a los cinco efectivos para determinar el grado de responsabilidad que tuvo cada uno.
Además, el ministro de Gobierno ofreció una visión muy crítica de lo sucedido y aseguró que se hará una revisión muy profunda de los métodos de instrucción empleados. El gobernador, por su parte, tuvo el gesto de visitar a los aspirantes internados.
En Catamarca hay varios episodios de características parecidas. El último de ellos ocurrió hace poco más de un año y tuvo como víctimas a cinco cadetes que terminaron internados con descompensación y problemas renales graves.
La actitud de las autoridades provinciales distó mucho de la asumida por sus pares riojanos. La causa que se inició para investigar el hecho, que parece no avanzó nada hasta el momento, no fue iniciada por el gobierno, sino por la denuncia de los familiares de los aspirantes.
No hubo, tampoco, un pronunciamiento oficial sobre estos excesos, ni siquiera contacto con las víctimas y sus familiares, al menos en los días posteriores al episodio.
Esta actitud pasiva es una mala señal, si lo que se pretende es ponerles límites a estas instrucciones que más bien parecen castigos ejecutados con saña.
Lo paradójico es que este entrenamiento demasiado exigente, sin que haya controles médicos que garanticen la salud de los aspirantes, está destinado exclusivamente a quienes desean ingresar a la fuerza. Los que ya están adentro no parecen tener una preparación física tan rigurosa, a juzgar por lo que puede apreciarse a simple vista y a un estudio realizado recientemente que detectó que el 80 por ciento de los policías catamarqueños tiene exceso de peso, más de la mitad incluso con obesidad.
El trabajo permite inferir que la gran mayoría de los efectivos en actividad acabaría hospitalizada si fuese sometida a las exigencias del entrenamiento de los aspirantes.
En el último año no se han registrado en el ámbito provincial hechos como los acaecidos en años anteriores. Es de esperar que esta buena noticia se deba a una rectificación en los procedimientos y no meramente al azar.