Hace pocos días, el Fondo Monetario Internacional pronosticó que durante 2018 la economía mundial crecerá a un ritmo cercano al 4 por ciento, confirmando la tendencia creciente que se viene registrando, en el promedio global, en los últimos años.
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Insoportable desigualdad
Sin embargo, los beneficiados por ese crecimiento representan una porción ínfima de la población, lo que pone en crisis el argumento, tantas veces reiterado, de que la expansión del PBI de un país garantiza por sí solo mejores condiciones de vida para toda la población. Es decir, la tan mentada -y pocas veces constatada en la realidad- teoría del derrame.
El informe presentado la semana pasada por Oxfam, una confederación internacional formada por 17 organizaciones no gubernamentales nacionales que realizan labores humanitarias en 90 países, en la previa al Foro Económico Mundial de Davos, demuestra que el 82 por ciento de la riqueza generada el año pasado fue a parar a los bolsillos de 74 millones personas, que representan apenas al 1 por ciento más rico de la población mundial. Como contrapartida, 3.700 millones de personas no recibieron beneficio alguno del crecimiento económico.
El trabajo, que cada año cuantifica con datos impactantes la enorme e insoportable inequidad en la distribución del ingreso y la riqueza en el mundo, indica, por ejemplo, que 42 personas poseen lo mismo que la mitad de la humanidad, y que el 1 por ciento más rico acumula más que el restante 99 por ciento.
Hay 2043 personas con fortunas por encima de los mil millones de dólares, de las cuales nueve de cada diez son hombres. En 12 meses, la riqueza de esta élite ha aumentado en 762 mil millones de dólares. Esta cantidad equivale a lo necesario para terminar siete veces con la pobreza extrema en el mundo, señala el texto de presentación del informe. Impactante.
Este esquema de formidable desigualdad se repite hacia adentro de los países, la mayoría de los cuales, sin embargo, no tiene un mirada cuestionadora de este modelo perverso de acumulación.
El trabajo de Oxfam expone, entre las causas del aumento notable de la desigualdad, al deterioro de los derechos laborales, el retroceso de los sindicatos, las transferencias fiscales a las grandes empresas y la evasión tributaria.
El informe de la ONG es sistemáticamente ignorado por los gobiernos de los países centrales. De hecho, Davos es siempre un foro en el que se debate cómo profundizar las políticas que han llevado al mundo a esta encrucijada.
Para que ese aporte no se reduzca a una mera descripción del estado de situación, Oxfam manifiesta que el camino para reducir la desigualdad pasa por incrementar el grado de regulación estatal para mejorar las posibilidades de negociación de los trabajadores, poner fin a los paraísos fiscales, apoyar con más fuerza al sector de las cooperativas y generar políticas de acceso universal a la educación, la salud y la protección social.
Como puede advertirse claramente, el camino elegido por los líderes de los países capitalistas con mayor peso tiene el rumbo contrario.