La controversia por la decisión de prohibir que los docentes de los jardines de infantes soliciten a las familias de los chicos elementos extra para los festejos de cierre de año repuso el foco de atención sobre los criterios aplicados para determinar el gasto en el Ministerio de Educación.
Los motivos de la resolución, tomada por la Dirección de Nivel Inicial, son en principio razonables. Se trata de no imponer a las familias gastos innecesarios, con los que algunas no están en condiciones de correr en estos tiempos de bolsillos flacos.
Pero lo que enervó a los padres fue el intento de forzar el uso en los actos de las remeras con el logo del Ministerio de Educación. Más de uno consideró esta sugerencia como un ardid publicitario.
“Nuestros hijos no van a la escuela para hacer propaganda del Estado, ni de ningún ministerio, ni político de turno”, le dijo a El Ancasti un padre del jardín de la Escuela Normal Clara J. Armstrong.
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Gastos superfluos
Demasiado quisquilloso el sujeto, podría decirse. Sin embargo, es lícito preguntarse para qué el Ministerio de Educación necesita hacerse confeccionar remeras con su logo, o artículos de merchandising en general. Es una erogación superflua difícil de justificar, más aún cuando se llora tanto por las podas en los fondos públicos destinados a la educación.
El caso es que la controversia saltó en el momento menos oportuno para el funcionariato educativo. Pocos días antes, este diario había informado sobre algunas curiosidades en la composición del gasto en la Dirección de Programas Educativos.
De $7,5 millones de 2017 y 2018, la mitad fue destinada a solventar servicios de catering en distintos eventos y, precisamente, merchandising con la impresión del logo de la cartera en remeras y chalecos.
El informe, en base a datos de la ejecución presupuestaria del área, dio cuenta de anomalías en los procedimientos de contratación suficientes para tender sospechas sobre la existencia de curros y favoritismos.
Por supuesto, Educación no es la única cartera que incurre en este tipo de maniobras publicitarias, como fácilmente puede advertir cualquiera que asista a los actos gubernamentales entintados de proselitismo. Pero resulta contradictorio gastarse millonadas en agasajos e impresión de remeras mientras por el otro lado se gime por las estrecheces presupuestarias, e inadmisible que se les coloque la prenda a los chicos de prepo, con la excusa de ahorrarles gastos a las familias.
Como dijo ese padre mosqueado porque pretendían convertir a su hijo en portador gratuito de publicidad estatal: si la idea es economizar, bien podría Educación empezar por casa. Por ejemplo, no gastando en la impresión de logos en remeras, chalecos y mochilas, que pueden repartirse de todas formas y servirían igual, aunque no tuvieran logo. O privándose de sandwichs, empanadas y gaseosas en cada prescindible acto que se hace con cualquier pretexto.
Mientras tanto, el miércoles pasado, tomó estado parlamentario en la Cámara de Diputados un pedido de informes de la oposición para que el Ministerio de Educación de a conocer la lista de los prestadores contratados paras los servicios en duda, pues algunas carecen de antigüedad o no están inscriptas en la AFIP bajo el rubro pertinente.
Los diputados mencionan algunos desembolsos a su criterio poco sensatos, como ser $1,1 millones en remeras, chalecos y mochilas con impresiones.
Seguro que el Ministerio de Educación podrá explicar todo acabadamente. Sería un pésimo ejemplo para niños y jóvenes que se consideren normales el uso de recursos del Estado para propaganda y las improlijidades administrativas.