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EDITORIAL

Hiperdependientes

24 de octubre de 2018 - 04:14 Por Redacción El Ancasti

¿Qué cosas estarías dispuesto a hacer si eso te permitiría no desconectarte de tus dispositivos electrónicos? La pregunta no es inocente. Parte de la base de dar por confirmada la alta dependencia que tiene la mayoría de las personas respecto de sus teléfonos celulares, en mayor proporción, pero también de sus computadoras personales o tablets. En términos generales, de aquellos dispositivos que les permite tener conectividad a internet.


Volviendo al interrogante inicial, un estudio de campo realizado por la empresa de seguridad informática Kaspersky Lab determinó que el 23 por ciento de los consultados preferiría que los vieran desnudos en público antes que no poder conectar sus dispositivos. Y una cifra casi idéntica (22 por ciento) aseguró que tener conexión a internet es tan importante como acceder a comida, agua y alojamiento.


Las respuestas pueden resultar asombrosas para los adultos, no porque ellos mismos no tengan también una fuerte dependencia de esas características, sino porque han transitado etapas de su vida en las que internet no existía. Y, por supuesto, nadie se moría de angustia por ello.


Los millennials –es decir, los nacidos entre 1980 y 2000-, pero sobre todos los chicos que conforman lo que se denomina la Generación Z o post millennials –esto es, los nacidos luego del 2000-, no pueden concebir la vida sin la dependencia respecto de la tecnología. Necesitan estar hiperconectados, y esa adicción tiene sus costos y sus peligros.


En cuanto a estos últimos, la lista es mucho más extensa que los evidentes: por ejemplo, cruzar una calle o transitar zonas peligrosas con la vista fija en la pantalla en el celular, lo cual le puede ocasionar accidentes o abordajes no deseados. Deben incluirse también patologías que se desarrollan a partir de esa dependencia y que muchas veces terminan generando una mala calidad de vida.


La hiperconexión, lo dicen los especialistas, puede alterar la concentración, afectar las relaciones sociales, perturbar el sueño, generar ansiedad, inseguridad, baja autoestima e incluso cuadros más o menos graves de depresión. Pero también hay otros riesgos asociados, como por ejemplo no desarrollar la memoria, déficit que obedece a la formidable cantidad de información disponible en la red. ¿Para qué memorizar palabras, nombres o hechos si cuando se necesite saber algo de esos contenidos se los puede “googlear”?


Y, finalmente, pueden asociarse a la hiperconectividad enfermedades físicas, como la obesidad, resultado de una vida sedentaria; y daños oculares y en el sistema nervioso central.


Estos efectos nocivos no deben conducir a un desprecio por la tecnología, que bien aplicada soluciona gran cantidad de problemas de la vida cotidiana. Se trata, en todo caso, de controlar los excesos. Los adultos, los que han vivido sin internet, están llamados a ejercer responsablemente esos controles para evitar que la hiperconectividad desemboque en chicos hiperansiosos,  hiperdeprimidos o hiperdependientes de la tecnología.n

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