Cuando a los argentinos se les consulta sobre la principal causa de los problemas que tiene la educación en el país, la más elegida es la que vincula con el bajo presupuesto para el sector. Así surge de un reciente estudio de la Fundación UADE (Universidad Argentina de la Empresa) realizado en base a una encuesta de la que participaron 1.001 personas de 16 años y más, de todo el país, utilizando entrevistas personales como instrumento de recolección de datos.
No es un dato que deba llamar la atención. En general, los sondeos de este tipo suelen arrojar resultados similares. Entre las causas mencionadas se destacan además otras como los bajos sueldos docentes o los problemas de infraestructura que tiene relación directa con la causa madre, que es la escasa inversión para la Educación. Los expertos en el tema tienen una posición similar.
Lo que sí debería llamar la atención es que pese a esta mirada compartida por la mayoría, el presupuesto educativo viene sufriendo recortes desde hace varios ejercicios y que, al parecer, se profundizarían el año que viene si es que se aprueba sin modificaciones el proyecto presentado en el Congreso de la Nación por el Poder Ejecutivo Nacional.
Los recortes afectan a programas educativos de los niveles inicial, primario y secundario.
Las bajas más notables serán en los programas de Fortalecimiento Edilicio de los Jardines de Infantes, que disminuye un 57% en términos nominales y un 68,4% en términos reales; y en el Plan Nacional de Educación Digital (que es una continuación del “Conectar Igualdad), con un recorte del 58,8% nominal y del 68,8% real.
Las partidas para Infraestructura y Equipamiento se derrumbarán un 69% nominal y un 77,1% real, y las Acciones de Formación Docente, que se reducen un 14% nominal y un 36,3% real. Los porcentajes surgen de comparar el presupuesto vigente con el proyectado para 2019.
Un dato interesante a analizar es el porcentaje del presupuesto para Educación y Cultura respecto del PBI. El proyectado para el año que viene cae al 1,25%, del 1,37% de este año.
La disminución presupuestaria es aún mayor en un área relacionada, ahora además degradada al rango de Secretaría: Ciencia y Técnica. En 2015 el presupuesto era del 0,35% del PBI; en 2016 cayó al 0,33%, en 2017 al 0,32% y en 2018 al 0,30%.
La opinión casi generalizada de que el problema de fondo de la Educación argentina es la carencia de un presupuesto acorde a las necesidades no es solamente mera intuición, sino además una constatación empírica. Hay otros, por supuesto, pero la gran mayoría de ellos están atados a la causa esencial.
El Gobierno nacional ha decidido, con el asesoramiento del Fondo Monetario Internacional, que el ajuste de las cuentas públicas para achicar el déficit fiscal llegue también a las áreas sensibles, a aquellas en los que el gasto debe hacerse cada vez más eficiente, pero nunca más acotado. Entre ellas está la Educación.
Podrá la administración nacional ahorrarse unos pesos, pero a un costo demasiado alto, hipotecando tal vez una parte del futuro de la Argentina.