El Servicio Meteorológico Nacional confirmó en su boletín de septiembre que existe una probabilidad del 100 por ciento de que el fenómeno meteorológico denominado El Súper Niño se mantenga durante el trimestre septiembre-octubre-noviembre, con una intensidad fuerte o muy fuerte. Se trata de un proceso climático en desarrollo cuyos efectos comienzan a ser considerados en la planificación productiva y en las estrategias de gestión del riesgo hídrico.
Los antecedentes indican que el NOA no se encuentra entre las regiones que suelen recibir los mayores impactos de El Niño. Por el contrario, los registros históricos muestran para esta región una tendencia hacia veranos más cálidos y secos, mientras el exceso de precipitaciones suele concentrarse en el Litoral y la Cuenca del Plata.
Pero esa circunstancia no debería llevar a Catamarca a la tranquilidad. Porque el problema no necesariamente reside en cuánto llueve durante toda una temporada, sino en cómo, dónde y en cuánto tiempo se concentra esa lluvia.
Los expertos advierten que la provincia puede quedar expuesta a tormentas extraordinariamente intensas capaces de descargar en pocas horas una cantidad de agua que el suelo, los desagües y los cauces no están preparados para absorber o conducir.
No es necesario imaginar escenarios extraordinarios para comprender el peligro de fenómenos climáticos intensos. Catamarca tiene antecedentes dolorosos. No es necesario imaginar escenarios extraordinarios para comprender el peligro de fenómenos climáticos intensos. Catamarca tiene antecedentes dolorosos.
Catamarca es una provincia atravesada por montañas, quebradas, pendientes pronunciadas y numerosos cauces que durante buena parte del año permanecen prácticamente secos. Cuando una tormenta intensa se descarga en las zonas altas, el agua puede transformarse rápidamente en una crecida violenta, arrastrando sedimentos, piedras, árboles y todo aquello que encuentre a su paso.
No es necesario imaginar escenarios extraordinarios para comprender el peligro. La provincia tiene antecedentes dolorosos. El alud ocurrido en El Rodeo en enero de 2014 constituye todavía la referencia más dramática. La tragedia dejó 12 muertos y mostró con crudeza que en un territorio montañoso las lluvias intensas pueden desencadenar fenómenos de enorme poder destructivo en cuestión de minutos.
Desde entonces también se han registrado, cada verano, crecidas, desbordes, anegamientos y cortes de caminos en distintos puntos de la provincia. Las imágenes de ríos desbordados y rutas interrumpidas recuerdan que los cauces de montaña no deben ser considerados espacios inofensivos simplemente porque durante buena parte del año permanezcan secos o con poco caudal.
No solo el oeste provincial merece atención; también el Valle Central, que concentra una población y una infraestructura urbana más desarrolladas que de todas maneras debe afrontar precipitaciones intensas en períodos muy breves. La limpieza de canales y desagües, el mantenimiento de los colectores y el control de las defensas deben realizarse con anticipación. Es decir, en el cortísimo plazo. Lo mismo vale para las rutas y caminos de montaña.
El monitoreo permanente de los cauces, los sistemas de alerta temprana y la articulación entre la Provincia, los municipios, Defensa Civil y los organismos meteorológicos, aun con personal reducido por el ajuste libertario, son herramientas indispensables.
Catamarca no está entre las provincias que, según los antecedentes, recibirían el impacto más severo del Súper Niño. Pero tampoco está a salvo de sus consecuencias.