Hay mujeres que llevan la tormenta en el paso
Por Lorena Elisabeth Monroy Quevedo
Hay mujeres que llevan la tormenta en el paso
y la cordillera entera empujando desde el pecho.
Mujeres de arcilla, de fuego y de trueno,
que no doblan la espalda ante la dificultad ni el frío.
Hay mujeres que sostienen el cielo de los pueblos
con las manos abiertas y la memoria intacta.
No vinieron a pedir permiso a la historia:
ellas son la historia,
la raíz profunda que rompe el cemento
y la trinchera viva donde se defiende la vida.
Hay mujeres que les quisieron arrancar la lengua,
les quisieron borrar el mapa de los ojos,
les quisieron cambiar el canto del río
por el silencio gris de las oficinas ajenas.
Pero el territorio no es un papel firmado:
el territorio respira en ellas,
arde en sus pasos de guardia y fogata,
se levanta en cada telar que desafía el olvido.
Hay mujeres que son la fuerza que no se vende,
la dignidad que camina con poncho y bandera,
la semilla indomable que sobrevive al invierno.
Hay mujeres de raíz y piedra,
tejedoras del tiempo que no se rinde,
mujeres que llevan el canto antiguo de las abuelas
guardado en el fondo del pecho.
Hay mujeres que en sus manos bordan memoria y resistencia,
y en su lengua materna que no se dobla,
vive la sangre de Bartolina que vuelve a arder
y quema las cadenas del olvido...
Que sepan los que pisan tu paso
y fingen no escuchar tu nombre:
tú eres la muralla viva,
la trinchera de la semilla,
el grito colectivo que sacude la tierra.
Tu lucha es el fuego que nos abriga,
el territorio que se defiende,
el pulso indomable de un pueblo
que se niega a morir.
5 de septiembre. Día Internacional de la Mujer Indígena