Uno de los crímenes más conmocionantes de los últimos tiempo es el de la niña Florencia Di Marco, de 12 años. El hecho ocurrió en San Luis hace dos semanas y todo indica que quien la violó y asesinó, estrangulándola, es su padrastro.
El caso es crudo y escabroso no solo por la identidad del presunto autor y por los detalles aberrantes del hecho, sino además porque también está detenida la madre de la víctima, acusada de ser partícipe necesaria de abusos que la niña habría sufrido anteriormente a ser asesinada.
Un hermanito de nueve años de Florencia declaró el martes en cámara gesell. Un rato después, la madre de ambos, que había ido a acompañar a su hijo varón, salía del juzgado esposada, detenida y custodiada por personal de la División de Homicidios de San Luis.
La imputación que recae sobre ella es la de consentir los abusos a las que el padrastro sometía a Florencia, los que son de larga data. Aparentemente hay un testimonio de una docente a la que la niña le confiesa la terrible situación que vive, pero la madre, convocada por la maestra, niega esta situación argumentando que la chica miente para faltar a la escuela.
Más allá de cómo se resuelva este caso en particular, lo que revela es cómo suelen operar ciertos mecanismos perversos que justifican, o esconden, aberraciones que se cometen en el propio seno de una familia.
De hecho, las estadísticas son coincidentes en consignar que la mayoría de los abusos sexuales a menores son cometidos por familiares. Un trabajo estadístico realizado por la Asociación de Víctimas de Violaciones (AVIVI), una ONG especializada en la temática, indica que nueve de cada diez abusos sexuales a menores son cometidos por personas que pertenecen al entorno de la víctima. Y que de cada diez casos, solo uno termina con la condena del violador.
Personas del entorno, señala la Asociación, pueden ser considerados los padres, padrastros, tíos, vecinos, padres de sus amigas de colegio y docentes, por ejemplo.
Pese a que las estadísticas indican cada vez más casos denunciados, éstos son solo una porción pequeña del total de los abusos. Según un trabajo realizado por la Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM) y la Asociación Argentina de Mujeres de Carreras Jurídicas (AAMC), en el 60% de las situaciones de violación sexual no se realiza la denuncia y solo un tercio de los chicos afectados pide ayuda.
Para la prevención o detección de los abusos sexuales infantiles es muy importante que los familiares y los docentes de los chicos estén muy atentos a los posibles pedidos de ayuda o a ciertas señales, como temor a los adultos, exhibición de órganos sexuales o conocimiento de hechos no habituales, llanto e irritabilidad u otras manifestaciones.
En esos casos hay que intentar hablar con los chicos o procurar ayuda de un especialista, pero nunca suponer de antemano la inadmisibilidad de un abuso porque el presunto victimario es "un conocido” o un familiar”.
La candidez en estos casos puede ser muy peligrosa.