En medio de la polémica por los hechos de inseguridad que afectan a la provincia, sobre todo respecto de aquellos que tienen como corolario un homicidio, Marcos Denett formuló declaraciones que asustan por su contenido irracional, injustificable en el fragor de las habituales discusiones de los usuarios de redes sociales y mucho más viniendo de la principal autoridad de la Seguridad en la provincia.
Consultado sobre el homicidio de Gastón Castro en manos de los hermanos Ponce luego de que el joven muerto intentara robar, el secretario de Seguridad dijo: "Yo creo que hago lo mismo”.
Es muy comprensible la sensación de hartazgo social por la reiteración de los delitos contra la propiedad, pero ello no debe conducir el debate hacia el precipicio de la justificación de la violencia que puede, incluso, llegar hasta el linchamiento del ladrón, como ya se ha visto en esta provincia y mucho más a nivel nacional.
El caso de Gastón Castro no deja lugar a dudas respecto de que estuvo lejos de tratarse de un caso de defensa propia. Esta figura está contemplada en el artículo 34º del Código Penal y exime de responsabilidad penal a aquel que actúe en defensa propia o de sus derechos siempre que se reúnan tres circunstancias: agresión ilegítima, necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla y falta de provocación suficiente por parte del que se defiende.
Es decir, si un ladrón amenaza con matar con un arma a una familia y es ultimado por alguno de los integrantes del grupo amenazado, encuadra perfectamente en el caso de la legítima defensa. Pero en el caso de mención, el ladrón estaba desarmado e intentaba abrir un automóvil de propiedad de la familia Ponce. Los ocupantes de la vivienda lo descubrieron, el ladrón huyó pero fue atrapado por tres o cuatro personas, que lo redujeron, lo golpearon y le dispararon con un arma de aire comprimido. Castro murió desangrado.
Las declaraciones de Denett justificando el homicidio son, además de demagógicas, inadmisibles viniendo de un funcionario público y hasta tal vez una apología del delito. Pero son sobre todo una admisión de su propia inoperancia. Es que uno de los argumentos de los que justifican la "justicia” por mano propia es que es legítimo matar al delincuente porque "la policía no hace nada”.
Si el secretario de Seguridad dice que él haría lo mismo que los Ponce, en el fondo está diciendo que no confía en la fuerza que dirige ni en la Justicia ni en la institucionalidad en general.
Hay otras consecuencias que la tendencia al linchamiento avalada por Denett no tiene en cuenta: si el castigo para el ladrón es la muerte a manos de las víctimas del robo, el espiral de violencia no se detendrá nunca, pues los delincuentes serán mucho más violentos aún, sabiendo que se juegan la vida en cada hecho ilícito que cometan.
Y en una sociedad violenta los que llevan las de ganar son siempre los que han elegido estar por afuera de la ley, sobre todo si las autoridades avalan, directa o indirectamente, la ley de la selva para resolver los conflictos sociales.