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|| CARA Y CRUZ ||

Señales en el Congreso

4 de diciembre de 2017 - 04:05 Por Redacción El Ancasti

El significado político del bloque al que se incorporen los diputados nacionales electos cobrará en esta oportunidad un énfasis particular, dadas las condiciones institucionales en que debe desplegarse la administración de Mauricio Macri. Como se sabe, la bancada de “Cambiemos”, ni ahí ni en el Senado, puede conformar mayoría sola, de modo que la Casa Rosada requiere de acuerdos permanentes con el resto de las fuerzas. En el caso particular de Catamarca, la asunción de Gustavo Saadi y Silvana Ginocchio, la dupla consagrada en octubre en representación del Gobierno, será oportunidad para enviar una señal sobre el cuadrante en el que se ubica el peronismo catamarqueño en el marco del complejo proceso que atraviesa el sector a nivel nacional y, en función de eso, la disposición para el diálogo con Nación. Las opciones no son muchas: o el bloque del kirchnerismo, que marcará aún más las distancias con el oficialismo nacional con el ingreso de la ex presidenta Cristina Fernández al Senado, o el del justicialismo, cuyos integrantes negocian en sintonía con sus gobiernos y las necesidades de sus provincias. Así, la decisión que tomen Saadi y Ginocchio será ingrediente de las interpretaciones que haga la Casa Rosada para determinar las actitudes que tome en lo que concierne a Catamarca.


La autonomía provincial, no es misterio, se ve condicionada severamente por la dependencia que la administración tiene de los fondos que gira la Nación. Esta minusvalía objetiva fue afianzándose durante años y terminó convirtiendo el federalismo en mera expresión teórica para la mayor parte de los distritos del país, cuyos gobiernos están obligados a moverse con suma cautela para evitar turbulencias en el vínculo con la Casa Rosada. Los fondos de asignación automática, como la coparticipación federal, a gatas alcanzan para abonar sueldos y gastos de funcionamiento. El auxilio de la Presidencia es indefectible para la inversión en obras públicas y para sostener el flujo de dinero en áreas como vivienda y desarrollo social, donde cualquier defecto puede ser utilizado por el poder central como excusa para demorar o suspender partidas. Siendo lo que es la matriz económica catamarqueña, cualquier mora en los pagos del Estado genera malestares y no solo en la planta de empleados públicos. Las mejores de las relaciones entre funcionarios y contratistas se erosionan cuando éstos comienzan a advertir que resultaría más conveniente a sus bolsillos una gestión local identificada con quien maneja la caja a nivel nacional. 


Que las relaciones institucionales entre las provincias y la Nación estén contaminadas por estos factores es, por supuesto, lamentable. Pero es lo que hay y la política no se desarrolla bajo las condiciones que sus actores eligen. A Saadi y Ginocchio les asiste el derecho de sumarse al bloque que se les antoje, pero sus decisiones podrían tener consecuencias sobre la administración provincial con la que están identificados. A diferencia de otros tribunos sobre los que no recae la representación de facciones con responsabilidades administrativas, tienen que considerar el impacto concreto que sobre la provincia tendrá el plegarse a un kirchnerismo que procura el fracaso del Gobierno nacional, mientras más estrepitoso mejor, o a un justicialismo que explora cómo recuperarse en opción de poder sin caer en el aislamiento.

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