Cada vez que se discute una reforma tributaria en la Argentina, se produce una puja de sectores que aspiran a que los cambios que eventualmente se introduzcan no los perjudique. La situación se presupone lógica, porque nadie parece dispuesto a convalidar una ley que les implique una pérdida de recursos.
Un gobierno que se precie de popular, en un contexto de crisis de recursos y fuerte déficit fiscal como el que vive la Argentina, debería diseñar estrategias orientadas a cobrarle más impuestos a los más ricos, o que tienen mayores ingresos y ganancias, y aliviar la carga tributaria en los sectores medios y, sobre todo, los más vulnerables.
No parece ser el camino elegido por el gobierno de Mauricio Macri, que apenas asumió bajó o quitó retenciones a agroexportadores y empresas mineras, al mismo tiempo que subía las tarifas de los servicios públicos.
La lógica que indica que ningún actor de la economía convalidará fácilmente una mayor carga tributaria tiene sus excepciones. Tal vez no en la Argentina, pero sí en otros países. En Estados Unidos, 400 multimillonarios enviaron semanas atrás al Congreso una carta en la que piden que no les rebajen los impuestos, como contemplaba el proyecto de reforma tributaria de Donald Trump impulsó y que salió finalmente como fue presentado.
Según la visión del presidente norteamericano, la disminución de la carga impositiva a las empresas más ricas, si bien incrementará notablemente el déficit fiscal de ese país, generará una mayor actividad económica, pues las grandes corporaciones deberían volcar los ahorros de las rebajas tributarias en nuevas inversiones para generar más producción y nuevos puestos de trabajo. Es un discurso muy parecido al de Gobierno de Cambiemos a la hora de justificar sus acciones de comienzo de mandato.
Pero la presunción de Trump no es compartida por los especialistas, que aseguran que el déficit crecerá sin que el ahorro impacte demasiado en la actividad económica.
Los propios beneficiados, los multimillonarios de las grandes corporaciones, cuestionan la hipótesis del gobierno de EE.UU. “Creemos firmemente que la forma de crear más trabajos de calidad y fortalecer la economía no es mediante reducciones de impuestos para los que más tenemos, sino invirtiendo en el pueblo americano”, se lee en la misiva, que suscribe, entre otros, George Soros y Steven Rockefeller.
“Somos ricos a los que nos preocupa profundamente nuestra nación y su gente, y escribimos con una sola petición: no nos corten los impuestos”, añaden.
La posición de los dueños de las megas corporaciones no es una muestra de altruismo, sino una postura que apuesta a la supervivencia del sistema que les permitió llegar a ser lo que son. Si el déficit crece inexorablemente y la desigualdad se expande, la amenaza de un colapso que a nadie beneficia se incrementa.
Los ricos de la Argentina, que obviamente no son tan ricos como los de Norteamérica, tienen una visión diferente. El riesgo del colapso, si la desigualdad aumenta como consecuencia de políticas de ajuste, tal lo sucedido en el proceso que desembocó en el estallido de hace 16 años, es, aunque lejana, posible.
Beneficiar siempre a los ricos no es sustentable. Lo sostienen quienes más saben del funcionamiento del capitalismo.