Gasto. Los asuetos funcionan con servicios esenciales y hay un costo adicional para el erario público.
En Catamarca, la decisión de decretar asuetos por distintas razones suele naturalizarse como si fuera gratuita. Pero no lo es. Más allá de la parálisis que provocan estos días no laborables en los servicios que prestan los organismos del Estado, particularmente los municipios o el Poder Judicial, esas jornadas tienen un costo fiscal que rara vez se evalúa con seriedad y sobre los que no hay precisiones, aunque debería haberlas.
La próxima ocasión es el Día de los Fieles Difuntos, que se celebra el lunes que viene. Con ese motivo habrá asueto en la Capital, en Belén, en Andalgalá, en Recreo y es probable que adhieran también otros municipios del interior provincial, aunque hasta el cierre de esta edición no había confirmación al respecto. También adherirá el Poder Judicial de la provincia, de modo que los tribunales permanecerán cerrados, con las demoras que ello supone para quienes aguardan una resolución, una audiencia o un trámite.
Conviene detenerse en un aspecto que suele quedar fuera de la discusión. En los días de asueto o no laborables hay agentes que, por la naturaleza de sus funciones, deben trabajar de todas maneras. Estamos hablando del personal de salud, de seguridad, de limpieza y recolección, de guardias y servicios esenciales. Más allá de lo que establezcan los regímenes vigentes, que difieren según el caso, parece de elemental justicia que esos trabajadores reciban una compensación equivalente al doble de la jornada. Pero esa retribución, legítima, supone un desembolso adicional que se suma al costo de la jornada no trabajada por el resto de la planta. El asueto, entonces, no solo detiene la actividad sino que encarece el funcionamiento del Estado.
Adherir por inercia a un asueto, sin medir su impacto económico, es una forma de comprometer fondos que después se reclamarán a un Tesoro provincial que también tiene sus límites. Adherir por inercia a un asueto, sin medir su impacto económico, es una forma de comprometer fondos que después se reclamarán a un Tesoro provincial que también tiene sus límites.
La capital provincial cuenta con la solvencia financiera necesaria para afrontar esos gastos. No ocurre lo mismo con la mayoría de los municipios del interior, que conviven con estrecheces crónicas y que luego deben salvar sus desequilibrios recurriendo a la ayuda del gobierno provincial. Esa asistencia, que durante años funcionó como una válvula de escape, resulta cada vez más difícil de sostener. La crisis que atraviesa la Argentina y la caída de los recursos provinciales, por distintos motivos, reducen el margen de maniobra de la Provincia. Adherir por inercia a un asueto, sin medir su impacto económico, es una forma de comprometer fondos que después se reclamarán a un Tesoro provincial que también tiene sus límites.
Por otro lado, en la Capital habrá otro asueto por el Día del Empleado Municipal el viernes de la semana que viene. Luego, el lunes 9 tampoco se trabajará por el feriado nacional dispuesto con motivo de la visita papal, aunque esa decisión corresponde a la Nación y excede la órbita local. Sumados, esos días configuran un tramo del calendario con escasa actividad administrativa.
En este contexto, no sería de extrañar que a alguien se le ocurra decretar un asueto adicional para que algún empleado municipal o del Poder Judicial pueda acercarse a ver a Su Santidad. La ironía no busca desmerecer ni la fe de los catamarqueños ni la relevancia de una visita de esa magnitud, sino mostrar hasta dónde puede llevar la lógica de la excepción permanente cuando no existe un criterio que la limite.