Hoy se reanudará la paritaria docente
provincial y el panorama se presenta más complicado que antes. Por un lado, la
gobernadora Lucía Corpacci había anticipado hace unos días que sería "muy
difícil” para la Provincia conceder el incremento salarial que piden los
gremios docentes. Y ayer salió el ministro de Hacienda, Ricardo Aredes, a
precisar la definición: dijo que la situación financiera de la Provincia es
"delicada” y que, en consecuencia, "no es factible dar un 40 por ciento a los
docentes”. Pero, por otra parte, la negociación parece estar estancada en el
orden nacional y el 40 por ciento de aumento que les había prometido el
ministro de Educación, Esteban Bullrich, a los gremios nacionales se presenta
como una meta de cumplimiento imposible para el resto de las provincias.
Justamente los gremios locales esperaban llegar a la reunión de esta tarde con
una pauta salarial nacional cerrada para exigir que el Gobierno provincial se
acoplara. Todo indica que la discusión deberá transitar de ahora en adelante
por otros carriles. Esto es, los parámetros a tener en cuenta serán menos
ambiciosos y bastante más ajustados a la realidad financiera del país y de las
provincias. Un sinceramiento que debería alcanzar para llegar a un acuerdo
razonable y evitar el tradicional conflicto que se produce, casi
invariablemente, en cada inicio de ciclo lectivo.
Hasta el jueves, todo indicaba que la
pauta salarial nacional estaba firme y que los gremios nacionales aceptarían la
propuesta que les había anticipado el ministro Bullrich, de llevar el sueldo
mínimo de $6.060 a $7.800 pesos a partir de febrero y a $8.500 pesos desde el 1
de julio. Pero esa tarde, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, recibió a
los ministros de Hacienda de las provincias, entre los cuales estaba Aredes,
para abrir la ronda de diálogo en torno al régimen de coparticipación federal,
recibió algunos reclamos por la deducción del 15 por ciento y, de paso, surgió
fuera de agenda el tema de los salarios docentes. Aquí fue cuando Frigerio tuvo
el pulso de la indignación que la propuesta de Educación había provocado entre
los gobernadores, desde los más afines al Gobierno nacional hasta los más
rebeldes. Por esa razón llamaron a Bullrich al recinto de la reunión para que
explique el asunto a los ministros de Economía. Para aplacar el enojo, les
aclaró que las provincias deberán afrontar solamente hasta el 25 por ciento de
los incrementos y que la Nación cubrirá el resto a través del Fondo Nacional de
Incentivo Docente (FONID). Sin embargo, la paritaria nacional, a partir de
allí, quedó envuelta en la incertidumbre y se trabó la firma del acta entre las
partes en el Ministerio de Trabajo.
Uno de los ministros más enérgicos con la
avanzada nacional fue Roberto Gattoni, de San Juan, quien en declaraciones a la
prensa dijo: "Las provincias no tenemos ninguna posibilidad de pagar el 40
por ciento. Para nosotros, el techo de 25 por ciento es inamovible". Luego
del encuentro con los representantes provinciales, Bullrich hizo saber a los
gremios que pretendía incluir en el acta de acuerdo un tope del 25 por ciento,
lo que estos interpretaron como una intención para limitar las negociaciones en
las provincias. En suma, hoy todos volverán a verse las caras: Bullrich y los
gremios nacionales, y su par de Catamarca Daniel Gutiérrez con los sindicatos
provinciales. Pero si no hay acuerdo nacional, es seguro que tampoco lo habrá
aquí. Y más allá de que la Provincia pueda presentar otra oferta por su cuenta,
los gremialistas ya anticiparon que no se sentarán a la mesa si no están
presentes el ministro de Gobierno, Gustavo Saadi –a quien consideran como la
"prenda de la garantía de legalidad”-, y el subsecretario de Hacienda, Ariel
Luna. El pobre Gutiérrez, ante tanta desconfianza, ayer dijo que estas
condiciones que ponen los docentes para negociar son una vergüenza y que se
siente "ninguneado” como titular del área. Nadie más que él sabrá por qué se
vino abajo tan rápidamente en la consideración de sus interlocutores.