El ministro de Educación provincial cree que es una flagrante injusticia que los dirigentes gremiales del sector prefieran, antes que a él, a su par del área de Gobierno o, peor aún, a un funcionario de rango menor del Ministerio de Hacienda, como garantes de la seriedad de las reuniones paritarias que hoy continuarán.
Daniel Gutiérrez se siente despreciado y ninguneado por el sindicalismo educativo de la provincia, con el que tendrá que convivir mientras dure en el cargo. Y cree que no hay razones para semejante trato desconsiderado.
Tal vez olvide, el ministro, que la desconsideración en la relación entre ambas partes comenzó en todo caso cuando dejó plantados a los gremialistas en una reunión paritaria con el pretexto de que tenía que encontrarse con el ministro nacional, que en ese momento se encontraba en el exterior y que apenas volvió al país viajó a Santiago del Estero, provincia en la que nadie lo vio con Gutiérrez.
Desde entonces la palabra del ministro local ha perdido valor, al punto que el mote de "Pinocho” suele escucharse en las previas que los sindicalistas realizan antes de partir al edificio de Sarmiento y República.
No debería el ministro preocuparse tanto por lo que sus interlocutores exijan como garantías para confiar en que los acuerdos a los que lleguen luego se cumplan. Debería, en todo caso, esforzarse, con gestos y acciones, para recuperar la confianza perdida.