domingo 5 de abril de 2026
EDITORIAL

Una foto para cambiar la historia

Por Redacción El Ancasti
Hay imágenes que, por la capacidad que tienen de condensar la inmensidad de una tragedia humana colectiva, poseen la virtud de contribuir a una toma de conciencia capaz de transformar la historia. Durante más de un siglo numerosas fotografías han logrado ese cometido, aún cuando la crudeza de la instantánea planteó el dilema ético de publicarla.

La más célebre, al menos hasta hoy, quizás sea la tomada por el fotógrafo Nick Ut, que en 1972 registró a una niña totalmente desnuda y quemada por el napalm lanzada por militares estadounidenses contra los civiles de una aldea de Vietnam. La difusión mundial de la foto logró el retiro del apoyo a la invasión norteamericana en el país asiático, lo que derivó, poco después, en el fin de la guerra. 

Igual conmoción parece ocasionar la imagen del niño ahogado en una playa de Turquía luego del naufragio de dos embarcaciones de inmigrantes que huyen de Siria, un país agobiado por la guerra, la muerte y la destrucción.
Los medios europeos recogieron el mensaje implícito de la imagen del cuerpecito pequeño yaciendo en la playa. Los diarios de toda Europa reflejaron la conmoción por las imágenes y varios las usaron para sus portadas de ayer. Por ejemplo: "La foto ya forma parte del álbum migratorio de la infamia”, "la imagen ilustra el naufragio de Europa”; "las fotos resumen todo el horror y el drama humano que se vive en las costas europeas”; "si imágenes tan potentes como la de un niño sirio muerto arrastrado por las olas no cambian la actitud de Europa frente a los refugiados, ¿qué podría hacerlo?”; "una foto para silenciar al mundo”.

Días antes se habían encontrado dos camiones cerrados en Austria en los que murieron asfixiados 71 personas, entre los que había sirios, pero también afganos e iraquíes, que también huyen de sus países.

El destino de esta foto debería ser un cambio drástico de la posición de Europa respecto de su política inmigratoria y de la política en general respecto de la suerte de los países empobrecidos del mundo. Hasta ahora, la mayoría de los países se resiste a recibir a quienes huyen de algunas naciones asiáticas o del norte de África, o ingresan sin que se conozca la suerte de ellos, muchos de los cuales terminan como los hallados en los camiones de Austria.
Solo en Italia han desaparecido 63.000 inmigrantes que entraron a su territorio pero nunca fueron registrados y nadie sabe donde están.

La indiferencia de Europa ante la suerte de los refugiados es un atentado a la vida y la dignidad humana, sobre todo porque los países desarrollados del norte han contribuido, a lo largo de siglos, a generar las condiciones de pobreza y destrucción de las naciones de las que hoy huyen miles de personas.

Aún resuenan las palabras pronunciadas poco antes de morir por José Saramago, el escritor portugués que ganó el premio Nobel de Literatura: "El desplazamiento del sur al norte es inevitable; no valdrán alambradas, muros ni deportaciones: vendrán por millones. Europa será conquistada por los hambrientos. Vienen buscando lo que les robamos. El reparto está cada vez más cerca”.

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