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editorial

La cueva en peligro

20 de agosto de 2014 - 06:03 Por Redacción El Ancasti
Parece ser tradición netamente catamarqueña el de no apreciar adecuadamente las riquezas que alberga nuestro territorio. 

Pese a los innegables avances registrados en materia turística en los últimos años, buena parte del patrimonio arqueológico, por ejemplo, permanece apenas conocido, mucho menos valorado, promocionado o protegido.

En la mayoría de los casos, la importancia cultural e histórica que encierran determinados sitios es destacada por publicaciones especializadas, nacionales y extranjeras, no así, al menos en su justa dimensión, en el ámbito de la provincia.

Quizás el caso más representativo de lo que se menciona sea el lugar conocido como la cueva de La Candelaria, ubicada en el departamento Ancasti, y considerada como uno de los reservorios de arte rupestre más importantes de esta región del país.

Según las hipótesis de investigadores especializados, la cueva fue un lugar de rituales y ceremonia de los chamanes. Al punto que el lugar existe gran cantidad de pinturas, pertenecientes a la cultura de la Aguada, que describen rituales de tales características. 

En otras provincias de mayor envergadura turística, en la que se erigen complejos hoteleros cinco estrellas allí donde apenas hay un arroyito y unas cuantas piedras, y donde se levantan centros de interpretación en torno a un par de vasijas semienterradas, un sitio de las características de La Candelaria sería seguramente un punto de atracción inestimable.

Sin embargo, en Catamarca no sólo es prácticamente desconocido para quienes habitan la provincia, sino que tampoco es demasiado promovido para el turismo. Además, se encuentra en un estado de grave desprotección, a tal punto que, con sólo traspasar un alambrado, cualquiera puede ingresar a las cuevas. 

Frecuentemente, ocasionales visitantes denuncian cómo personas irresponsables dañan el lugar: hay quienes prenden fuego, otros escriben sus nombres o leyendas sobre el arte rupestre, y no faltó, según relatos de ocasionales testigos, el que se llevó como souvenir un trozo de piedra con los antiguos dibujos cortándolo con una amoladora. 

Otro problema adicional es la dificultad para acceder al sitio. La propia Secretaría de Turismo, en su página web, explica lo intrincado del camino, que no ha sido acondicionado para facilitar el ingreso de visitantes: "La cueva de La Candelaria se encuentra 5 km hacia el sudoeste del pueblo La Candelaria, en el departamento Ancasti, a unos 90 km aproximadamente de la ciudad capital de la provincia de Catamarca. Se accede a ella desde un camino lateral que se desprende hacia el sudeste desde la ruta provincial Nº 15. Después de descender unos 600 metros por una senda angosta se encuentra una pequeña cañada. Sobre su margen oeste y a unos 25 m sobre el nivel de base está enclavada la cueva”.

No resulta muy fácil de entender –y por ende, desde la perspectiva oficial, de explicar- cómo perdura esta ausencia de voluntad política de poner en valor este recurso cultural y turístico incalculable. 

Hay veces que la inacción se justifica por restricciones presupuestarias. No es éste el caso, porque dotar al sitio de seguridad, organizar visitas guiadas y acondicionar un camino que sea accesible a todo tipo de vehículos requiere de una inversión mínima respecto de los enormes beneficios que puede traer aparejado.
La tarea de preservar la cueva no puede demorarse, pues los daños son permanentes y amenazan con deteriorar gravemente la riqueza que alberga en sus entrañas.


Buena parte del patrimonio arqueológico provincial permanece apenas conocido, mucho menos valorado, promocionado o protegido.

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