sábado 4 de abril de 2026

“Pasa en todos lados”

MIRADOR POLÍTICO. De las confesiones del presidente del Concejo Deliberante de...

De las confesiones del presidente del Concejo Deliberante de Valle Viejo, Sebastián Vega, quien reveló que los funcionarios y agentes de planta política del organismo no tienen obligación de trabajar, se destaca el justificativo. Pasa en todos lados, dijo el edil.



24 horas después intentó, en vano, retractarse. Como su colega del Concejo Deliberante capitalino, Jimena Herrera, había remachado un clavo hundido hasta la cabeza en el imaginario popular catamarqueño: los ñoquis pululan en una administración pública al filo de la quiebra.



Aunque probablemente sean involuntarios, es necesario rescatar estos ejercicios de esclarecimiento al público.



A las manifestaciones de Vega, complementarias de las de Herrera, es posible sumar otro indicio. El presidente de la Cámara de Diputados, Jorge Moreno, resolvió que todos los empleados de ese poder del Estado deben marcar tarjeta, es decir: probar que asisten a sus lugares de trabajo y cumplen un horario por el sueldo que perciben. La elocuencia de la resolución exime de cualquier declaración pública a Moreno.



Pero a Herrera le corresponde el sitial pionero. A cargo de la administración del Concejo Deliberante de San Fernando del Valle de Catamarca tras ser erigida a la cabeza de la lista de concejales del kirchno-peronismo en los últimos comicios debido a su perfil piadoso y su trabajo social, admitió antes que nadie la existencia de los ñoquis, también llamados voladores. La religiosa laica y no es un oxímoron- calculó que los más de 300 empleados que tiene el cuerpo que conduce no caben en el edificio destinado a su funcionamiento, sito en calle Rivadavia entre Mate de Luna y Zurita. Dedujo entonces, con lógica impecable, que necesariamente había gente que cobraba un sueldo sin contraprestación laboral.



Estos razonamientos de Herrera se desarrollaron en el transcurso de una polémica por la designación en planta permanente de nueve ex funcionarios de su antecesor en la Presidencia del Concejo Deliberante, Simón Hernández hijo. Apremiado por su inminente ascenso a diputado provincial, el joven sobrino del ex gobernador Eduardo Brizuela del Moral, hijo del ex Fiscal de Estado Simón Fermín Hernández, quien a su vez es cuñado del ex mandatario, procedió a favorecer a sus colaboradores en comandita con el actual concejal Gilberto Filippín, que entonces era su secretario administrativo: en apenas unas horas, dio de baja a los funcionarios seleccionados, los benefició con la beca de la planta permanente y volvió a incorporarlos al funcionariato para que no perdieran las últimas semanas de solaz salarial.



No puede dejar de llamar la atención la similitud jurídica entre los argumentos expuestos por Hernández y Filippín, por un lado, y el chacarero Vega, por el otro, para explicar sus conductas. Hernández y Filippín evitan referirse a los ñoquis, pero sostienen que la garantía de renta estatal perpetua para los ex funcionarios no contraviene norma legal alguna; Vega, que ni la Carta Orgánica de Valle Viejo ni ninguna otra normativa establece que los designados en puestos políticos deban cumplir horario y asistir a sus lugares de trabajo. Vega, sin embargo, acumuló méritos con la frase ya aludida, imposible de superar como resumen de lo esencial de la controversia: Pasa en todos lados.



O sea, de acuerdo con Vega: ñoquis hay en todos lados. En el Concejo Deliberante chacarero, en el Concejo Deliberante capitalino, en el resto de los concejos deliberantes, en la Legislatura y también en el Gobierno, donde no han trascendido novedades sobre la reducción drástica de los puntos índice que con entusiasmo se promocionó hace un par de meses.

Delito

Los esfuerzos erogados en tratar de calzar legalmente a los ñoquis resultan infructuosos por una razón muy sencilla: por más vueltas que se le den al asunto, cobrar un sueldo del Estado sin trabajar es un fraude a la administración pública. Y como todo funcionario público tiene la obligación de denunciar cualquier delito del que tenga conocimiento, las alternativas para Vega, Herrera y Moreno no son demasiadas: tienen que denunciar la estafa ante la Justicia, pues de lo contrario serán cómplices de ella.



El ingenio popular acuñó la denominación de ñoquis para quienes cobran del Estado sin trabajar porque sólo asistían a sus lugares de trabajo a cobrar los días 29 de cada mes, jornada en la que según la tradición trae buena suerte comer esta pasta de papa. No había cajeros automáticos en aquella época, así que los ñoquis eran fáciles de identificar. Por supuesto, la culpa de la defraudación al erario no era ni es sólo de los ñoquis, sino de quienes los amasan.



La costumbre, como el mote, ha resistido el paso del tiempo. Pasa en todos lados que se cobre sin trabajar, dijo Vega, de modo que hay una suerte de derecho consuetudinario que se impone sobre la explícita letra de los códigos Penal y Civil.



Los ñoquis y sus amasadores gozan de los usos y costumbres de la casta política. Vega fue más que claro: cobrar sin trabajar es una prerrogativa de la política; él nada puede hacer frente a la voluntad de los bloques que representan a las distintas facciones y designan a quien quieren, en las condiciones que quieren.

Impudicia

Las evidencias de enjuagues y prebendas convierten a los justificativos en una burla. Los andamiajes leguleyos que se montan para exculparse ante la opinión pública no hacen más que demostrar que sus expositores consideran al ciudadano raso como un imbécil que admitirá cualquier explicación por inverosímil y ridícula que sea.



La sociedad se divide, para cada vez más numerosos representantes de la casta política, entre vivos y giles. Por si fuera necesario aclararlo, en la cola de los vivos están los integrantes de la casta con acceso a recursos públicos y lapicera para favorecer parientes, afectos y entenados. Los giles han de conformarse con la frase de Vega, que a esta altura redunda: Pasa en todos lados. Como si la estafa fuera un destino indefectible.



Esta concepción que cunde en el poder ha terminado en impudicia. Es tan fuerte la convicción sobre la resignación social y la falta de luces de los ciudadanos rasos que ya ni siquiera se toma nadie el trabajo de armar argumentos medianamente razonables.



El secretario de la Vivienda, Octavio Gutiérrez, está en condiciones de responder que su organismo no debe temer por los juicios que eventualmente deriven de un accidente fatal porque todos los vehículos tienen seguro.



El 30 de marzo a las 2.45 de la mañana, una camioneta de la Secretaría de Vivienda al mando del chofer oficial Exequiel Contreras, hijo del senador por Ancasti Aldo Contreras, volcó en la ruta que une la villa de Ancasti con Icaño. Iba cargada de muchachos. El menor de ellos, Jorge Olmos, de 15 años, murió como consecuencia del vuelco.



Gutiérrez no ha revelado aún qué hacía un vehículo oficial repleto de jóvenes a las 2.45 de la mañana en las rutas ancasteñas.



La febril imaginación catamarqueña es difícil de contener. Nadie cree que la camioneta haya estado cumpliendo misión oficial alguna a esas horas. Más bien se tiende a imaginar que el chofer y sus cofrades andaban haciendo política partidaria o en menesteres personales.



Pero a Gutiérrez eso no le inquieta. Supone que informar sobre el seguro en regla es suficiente para satisfacer a los infinitamente ingenuos catamarqueños, tan idiotas que ya se tragaron antes las explicaciones sobre la cartelización de las licitaciones de viviendas y la compra a 20 millones de pesos de unos terrenos para edificar una ciudad-satélite.



Acá, intuye Gutiérrez, hay tontaje para tirar a la kila ¿Para qué gastarse en explicaciones?



Gran servicio conceptual ha prestado el presidente del Concejo chacarero Sebastián Vega, por más que sea del FCS: si pasa en todos lados, todos estamos hermanados en la gran farsa.

CAJONES

Las evidencias de enjuagues y prebendas convierten a los justificativos en una burla.

La sociedad se divide, para los integrantes de la casta política, entre vivos y giles.





Seguí leyendo

Te Puede Interesar