CARA?Y?CRUZ El entusiasmo por la gran cantidad....
El entusiasmo por la gran cantidad de turistas que visitaron Catamarca durante la Semana Santa se diluyó en menos de dos días debido a las deficiencias expuestas, algunas de las cuales alcanzarían para que cualquier persona lo pensara dos veces antes de repetir la experiencia catamarqueña. Ya se consignó en la columna de ayer la manifestación de subdesarrollo y lo nocivo que resulta no resolver de una vez por todas el problema del VOR del Aeropuerto Felipe Varela, cuyos recurrentes desperfectos obligan a suspender los vuelos, con el consecuente malhumor para quienes pretenden pasar unos días de descanso y empiezan con inconvenientes en el transporte seleccionado y pagado. El VOR (siglas en inglés de VHF Omnidirectional Range) es un equipo de asistencia a la aeronavegación de uso obligatorio en todos los aeropuertos por razones de seguridad. El de Catamarca tiene ya 20 años, se rompe en forma reiterada y es preciso convocar a técnicos de Córdoba para que lo arreglen y poder reanudar la actividad en el Felipe Varela. El problema se arrastra desde hace años, por lo que resulta increíble que no se haya hecho nada por resolverlo.
Este inconveniente técnico, sin embargo, no fue el peor. El presidente de la Cámara de Turismo, Víctor Ahumada, consignó otros que tienen que ver con la cultura de recepción. Concretamente, Ahumada se refirió a los abusos en los precios. Como ejemplo, mencionó que en Fiambalá, donde la afluencia de turistas superó las plazas existentes, se llegó a cobrar en un local de comidas $175 por un plato de locro, dos empanadas de entrada de mesa y un postre, sin vino. Un verdadero asalto. Si a este tipo de actitudes oportunistas se le añade el escaso entusiasmo que se demuestra en muchos comercios al atender a los clientes -a las cansadas, como si les estuvieran haciendo un favor- es obvia la necesidad de avanzar en capacitaciones y controles. La mala atención y los abusos en los precios son la peor publicidad para cualquier lugar que pretenda consolidarse como destino turístico, mucho más en la actualidad, donde las quejas se esparcen a gran velocidad y con alcance difícil de mensurar a través de las redes sociales. El daño que se produce es tremendo. Mientras no se tomen medidas para revertir estas lamentables conductas, los esfuerzos por instalar a Catamarca entre las principales plazas turísticas del país serán cada vez más costosos.
Otra cuestión que mencionó Ahumada fue la falta de controles en la puna de Antofagasta de la Sierra, donde los visitantes ingresan de a miles, no solo desde Catamarca, sino también desde Tucumán y Salta, en vehículos 4x4, motos y cuatriciclos, y transitan por donde se les ocurre sin el menor cuidado por los perjuicios que puedan provocar en los espectaculares paisajes de la zona. Se destruye, sin que el Estado haga nada por preservar como corresponde un bien paisajístico valiosísimo y único, que por añadidura ha sido declarado patrimonio de la humanidad. Esta prescindencia contrasta con la activa política de preservación que se desarrolla en otras provincias. En el Parque Nacional de Talampaya, sin ir más lejos, nadie podría hacer raids de deporte motor por cualquier parte y el mismo tránsito a pie está estrictamente controlado, por no hablar de la basura que los visitantes generan.
Pese a las notas que elevaron a la Secretaría de Vivienda y al Instituto Provincia de la Vivienda, unas 32 familias que esperan para ocupar sus casas la conclusión de un barrio iniciado en 2007 no consiguen respuestas satisfactorias. El barrio comenzó a edificarse por un convenio entre el Centro de Ingenieros y el IPV, pero las obras se paralizaron a fines de la gestión anterior -hace tres años-, supuestamente por una redeterminación de precios. Les prometieron la entrega de las unidades para diciembre del año pasado, pero el acto se suspendió con el compromiso de que finalmente se haría en marzo. Pero hasta el momento no hay novedades.