domingo 20 de noviembre de 2022

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Helada tardía hizo estragos

Un frío por el espaldar

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Fue implacable. Desmoronó sueños y abrió profundas heridas en los productores que, al amanecer de un día más, se dieron cuenta que ya no sería lo mismo.

La helada tardía de esa primavera tiene pocos antecedentes, no tanto por el momento, sino por la extensión e impacto de la misma que llevó a los gobiernos provinciales de las provincias vitivinícolas, a solicitar medidas de emergencia para paliar el golpe a los viñateros.

Desde Medanitos, la voz conmovida de los productores, intentaban explicar el impacto social en las economías familiares de un año donde la cosecha tendrá que esperar. Y representan las sensaciones, no sólo de la cadena vitivinícola, sino también de productores nogaleros, que se desmoronaron con las primeras imágenes de un amanecer impensado.

Voces

Dos voces resuenan aún entre tantas. Pedro Morales, que vive de sus tres hectáreas, que ya pisa los 70 años, que aún añora afrontar estos desafíos con su compañera de vida que ya no está, se pregunta casi en un rezo, “Qué voy a hacer ahora?”.

Catalina Rivero, nació y se crió entre los viñedos de la familia y con sus hermanos preparan los exquisitos vinos Dunas, ama su terruño y se preparó para cultivarlo y abrazarlo siendo la primer Ingeniera Agrónoma recibida en la UNCa. Y la tristeza la puede. “Esto nos liquidó, afectó a mucha gente que de esas uvitas dependen para vivir, para la crianza de los hijos, para soñar, todos dependemos de esas uvitas que amanecieron negras, quemadas”.

La helada impacto desde la Patagonia hasta los valle calchaquíes y dejó secuelas en un porcentaje muy importante de la producción nacional que se está en pleno relevamiento. “La helada sucede cuando se enfría el suelo por la noche. Si el aire y el suelo están secos, el calor acumulado se disipa muy rápido y en cuestión de horas se alcanzan temperaturas bajo cero”, explicaron los conocedores. La gravedad de este fenómeno climático para la vitivinicultura argentina, fue su extensión, más que su oportunidad. Es una época crítica donde las heladas suelen decir presente, pero no con tanto y parejo impacto en la producción de cordillera y precordillera.

Olor

“Cuando llegué al campo lo primero que me impactó fue el olor, olor a quemado” un olor parecido a la tristeza, a la desesperación y a no saber cómo seguir. Pedro Morales, con casi 30 años en la actividad, por primera vez está desorientado. Sus tres hectáreas son su sustento y repite con la voz entrecortada “qué voy a hacer ahora, no me quedó nada”. Con sus 67 años, un poco enfermo, sin su compañera de vida, siente que ese olor le quedará grabado cada día frente al viñedo, ese negro sin un solo vestigio de un trazo verde en el parral, se parece mucho a su futuro.

“Mi padre que fue productor, que hizo su vida en Medanitos, me contaba que hace 50 años atrás hubo una helada asi, un 9 de noviembre”, recordó Catalina, parada frente al viñedo, sosteniendo apenas la energía como para estremecerse y con nostalgia recordar las caminatas llenas de amor y sabiduría de su padre entre las espalderas. Las fechas son importantes porque marcan los ciclos biológicos y estas heladas distraídas del calendario coquetean siempre con el destino. “La mayoría de la viñas se quemaron, es una pérdida del 100 por ciento. Pero en la vid tenes que esperar al menos 3 años para que la producción se vuelva a establecer, ver cómo les impacto a las yemas productoras para el próximo año”, ilustrò la Ingeniera Agrónoma.

Y llega, como las malas noticias, en un momento inesperado. Después de los altibajos de la pandemia, de las dificultades para los insumos que fueron desde la botella hasta los corchos, los pequeños minifundistas habían comenzado a transitar con expectativas una reactivación y jugaron fuerte a la esperanza. La uva cereza, la criollita, que es una uvita social, las producciones orgánicas en marcha, quedaron allí, como un espectro. Este año, salvo que la compañía del estado sea eficiente, la cosecha no estará “para vender las primeras cajas de la temporada y comprar los útiles y los guardapolvos”; tampoco estará el mosto o la pasa, o el vino patero, que extendían los ingresos el resto del año. “Los productores deben declarar sus pérdidas, porque se promete una ayuda para acompañarlos. No sé cuántos años son para salir de estos impactos. Soy nativa de Medanitos, y se pasa una vida detrás de mejorar estos golpes”.

Región

Silvia Gramajo, presidenta de la Cámara de Viñateros y Bodegueros de Tucumán, calificó de “angustiante” el momento que viven los productores de los valles. “La realidad es que lo ocurrido va a conducir al cierre de bodegas. En la Ruta del Vino son unas 17. No se va a poder producir durante dos años hasta lograr la recuperación de las plantas. En ese lapso nos quedaremos sin stock y sin tener que vender. Y nos preguntamos: ¿qué vamos a hacer para sobrevivir todos los de esta actividad sin ingresos?

Micaela Caliva, de la bodega de la comunidad de Amaicha del Valle, dijo que la helada de ayer le dio el golpe de gracias a la producción de uva y vino de esa localidad luego de la granizada que sufrió el sector en febrero último. “El panorama es preocupante y afecta aquí a casi medio centenar de viñateros. Hoy los productores se están reuniendo para exponer sus preocupaciones y después elevarlas a la provincia” sostuvo Caliva.

Bodegas de Argentina (que contiene a 250 empresas de distintas dimensiones) emitió un comunicado en el que manifestó la preocupación por las pérdidas y solicitó al estado nacional, a los estados provinciales y municipales el acompañamiento económico. “Las mermas en la producción en algunos casos llegan a ser totales, deben ser amparadas por los mecanismos de crisis previstos para estas situaciones, créditos accesibles, baja o suspensión de impuestos, tasas, aportes y contribuciones que habitualmente aportan quienes producen uvas y vinos; eliminación de acuerdos y leyes que se dictaron con el solo objetivo de controlar un stock y una producción que está vez, será dominada por la escasez”, señaló la entidad en parte del documento.

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