En julio se conoció otro estudio que encontró glifosato en la orina del 90% de los habitantes del partido bonaerense de General Pueyrredón, incluidos los vecinos de Mar del Plata. "Hicimos una prueba con muestras de orina de personas que viven en ámbitos urbanos y otras que se encuentran en zonas rurales, pensando que íbamos a encontrar diferentes resultados y no fue así: ambas poblaciones tenían glifosato o su metabolito, es decir, lo que se genera en el cuerpo cuando el glifosato se metaboliza", comentó Silvana Buján, referente de la Asociación Civil Bios, autora del estudio.
Lo que llamó la atención de los investigadores es que ninguno de los ciudadanos que participaron del estudio había tenido contacto directo con el glifosato. "Este resultado fue una revelación para nosotros, comenzamos a investigar y lo que encontramos es que la mayoría de nuestros alimentos industrializados contienen algo con soja, ya sea lecitina, harina o proteína. Por otra parte, el agua y los suelos, aunque no sean rociados con glifosato, lo reciben por la lluvia", advirtió Buján.
BIOS antes había hecho un relevamiento del glifosato en agua y suelo y, en 2013, en sangre. "Lo que demostramos con esa investigación fue que los agrotóxicos no 'desaparecen' luego de aplicados. Algunos degradan en metabolitos que persisten en el cuerpo humano, por ejemplo, el DDT no se usa hace años, y sin embargo tenemos DDD -su metabolito- en nuestra sangre", precisó.
Ese resultado coincide con los del Centro de Investigaciones del Medio Ambiente (CIMA) de la Universidad de La Plata, que probó que los agrotóxicos se evaporan y caen con las lluvias.
Hace un mes, el Tribunal Superior de Justicia de Córdoba confirmó las condenas a 3 años de prisión en suspenso contra el productor agrícola Francisco Rafael Parra y el agroaplicador Edgardo Jorge Parcelo por contaminación ambiental en barrio Ituzaingó en la capital provincial, donde prácticamente todas las familias tienen algún miembro con cáncer. La Justicia probó que Parra utilizaba glifosato y endosulfán en una finca vecina. Sin embargo, el estudio de UNLP –que se suma a una biblioteca de investigaciones cada vez más amplia– demuestra que no hay que vivir al lado de una plantación en la que se usa glifosato para convivir con él.