Noruega, entre el estupor y la vergüenza por el gesto de humillación de Corina Machado
La entrega de la medalla del Nobel de la Paz de María Corina Machado a Donald Trump generó duras críticas en Noruega, donde hablaron de un gesto inédito y ofensivo.
En Oslo, la noticia no cayó bien. Circuló primero como rareza diplomática y enseguida como problema institucional. Que María Corina Machado hubiera entregado en la Casa Blanca la medalla física del Premio Nobel de la Paz a Donald Trump activó una reacción inmediata entre académicos, dirigentes y referentes políticos del país que custodia el galardón.
No fue solo sorpresa. Fue incomodidad. Y, rápido, rechazo. Para buena parte del establishment noruego, el gesto tocó una fibra sensible: el uso político de un símbolo que, por diseño, busca mantenerse al margen de gestos personales y apropiaciones de poder. Las críticas no apuntaron solo al destinatario del obsequio, sino al significado del acto. Desde Oslo advirtieron que se trató de una decisión que podría desvirtuar uno de los galardones más prestigiosos del mundo.
"Eso es completamente inaudito", dijo Janne Haaland Matlary, profesora de la Universidad de Oslo y exdirigente política, en declaraciones a la radiodifusora pública NRK. No se detuvo ahí. Señaló que la entrega de la medalla implicó "una falta total de respeto por el premio" y calificó el gesto como "carente de sentido" y "patético".
El tono se repitió en el plano político. Raymond Johansen, exalcalde de Oslo y figura del Partido Laborista, escribió que el episodio resultó "increíblemente vergonzoso y dañino para uno de los premios más reconocidos e importantes del mundo". En su mensaje, Johansen fue más allá de la escena puntual. Alertó que la concesión del Nobel "está ahora tan politizada y potencialmente peligrosa que podría legitimar el desarrollo de un premio anti-paz".
El límite institucional
Ante la polémica, el Comité Noruego del Nobel recordó una regla básica. El Premio Nobel de la Paz no puede compartirse ni transferirse. La aclaración, difundida la semana pasada, buscó marcar una frontera clara entre el objeto y el honor. Machado entregó la medalla, un objeto material. No transfirió el premio, ni el reconocimiento, ni la condición de laureada, que permanecen intransferibles. Esa distinción, central para el Comité, no alcanzó para calmar el malestar. Consultado nuevamente tras el encuentro en Washington, el organismo no respondió llamados ni mensajes enviados el viernes.
La escena que desató el ruido
La medalla cambió de manos el jueves, durante una reunión en la Casa Blanca. Trump la recibió en persona. El presidente de EEUU, que en reiteradas ocasiones expresó su disconformidad con las decisiones del Comité Nobel, aceptó el gesto sin objeciones públicas.
Machado explicó que se trató de "un reconocimiento a su compromiso único con nuestra libertad". La declaración se produjo en un contexto político tenso: la dirigente opositora permanece al margen del proceso de transición en Venezuela tras la salida de Nicolás Maduro el 3 de enero, en un escenario marcado por la intervención de fuerzas de EEUU.