RÍO DE JANEIRO- La democracia brasileña debe renovarse para superar una guerra de poderes rampante y sobrevivir a la mayor investigación sobre corrupción en América Latina, afirman analistas.
RÍO DE JANEIRO- La democracia brasileña debe renovarse para superar una guerra de poderes rampante y sobrevivir a la mayor investigación sobre corrupción en América Latina, afirman analistas.
Una partida se juega entre Brasilia, identificada por millones de brasileños con una clase política venal, y la puritana Curitiba (sur), desde donde el juez Sergio Moro y los jóvenes fiscales de la Operación Lava Jato (Lavadero de autos) emiten acusaciones, órdenes de arresto y condenas contra implicados en el caso Petrobras.
Otro duelo opone el Supremo Tribunal Federal (STF), que juzga a personas con fuero privilegiado, a un Congreso celoso de sus prerrogativas y a congresistas de casi todos los partidos, temerosos por su libertad.
La guerra arrecia y erosiona las instituciones.
Un magistrado del STF se atrevió este mes a ordenar la destitución del presidente del Senado, Renan Calheiros, quien ignoró la intimación y logró que el plenario de la corte se resignara a revertirla.
El Congreso, por su lado, tramita leyes para cercenar los salarios de jueces y fiscales o para exponerlos a sanciones por "abuso de autoridad". "Esas medidas no resuelven nada, son puras venganzas", se alarma Ivar Hartmann, profesor de Derecho de la Fundación Getulio Vargas, de Rio de Janeiro.