El inesperado éxito electoral de la candidata verde Marina Silva en Brasil convierte al medio ambiente en protagonista de las elecciones presidenciales y obligará al próximo presidente que gobierne el gigantesco país amazónico a adoptar una agenda ecológica.
Los candidatos que disputarán la segunda vuelta de las presidenciales brasileñas el 31 de octubre, la oficialista Dilma Rousseff y el opositor José Serra, necesitan de los valiosos veinte millones de votos conseguidos por esta reconocida ambientalista para llegar a la Presidencia de Brasil.
Es impensable que los presidenciables consigan esos votos sin incorporar, al menos en parte, las cuestiones ambientales que Marina Silva defendió en la campaña; sin duda, el medio ambiente tendrá que ocupar un lugar en el centro de la agenda de los candidatos, que meses atrás prestaron poca atención a ese asunto, estimó a la AFP el politólogo y consultor Rodolfo Teixeira.
Se acabó ese mito de que el político que defiende el medio ambiente en Brasil pierde votos: el resultado de la elección el domingo mostró que Marina Silva obtuvo 20 millones de votos y que los diputados que se identificaron con la deforestación perdieron electores y algunos no resultaron electos, destacó en un editorial el martes la organización ambientalista Greenpeace. El candidato presidencial que decida ignorar las cuestiones ambientales a partir de ahora, corre el riesgo de perder al elector, advirtió.
Nacida en una comunidad de colectores de caucho en el corazón de la Amazonia, hace 52 años, Marina Silva irrumpió en la campaña presidencial con la defensa de una economía verde para el país.