BELÉN - El poncho que mostró el futbolista de la Selección Argentina Lisandro Martínez fue furor en las redes sociales y los medios de información, generando una “revolución” en los pedidos de la firma belicha “Rua Chay”. Ramón Baigorria, dueño del pujante emprendimiento en Belén, contó en Mañana Central de Radio Ancasti la historia del poncho que llegó a las manos del popular defensor.
La historia detrás del poncho belicho de Lisandro Martínez
“Este poncho tiene una larga historia, hace tres años que lo confeccionamos y tuvimos la suerte que llegó a las manos de Lisandro, y se viralizó de la manera en que lo hizo”. La prenda había sido adquirida hace tres años por una empresa de Estados Unidos, que se la obsequió a Martínez. El resto es conocido, con el video en el que, feliz de la vida, el “Carnicero” gira sonriendo con su poncho catamarqueño.
“Esta es una de las grandes satisfacciones que nos da este noble oficio, que lo realizamos de hace más de 30 años. Somos un emprendimiento familiar, quinta generación de tejedores, tengo tres hijos que siguen este oficio. Es una forma de vida. En Belén este un oficio que muchas familias nos dedicamos a hacer desde hace mucha data, hace 30 años que podemos vivir de esto”, relató Baigorria.
Pedidos
Reveló que, a causa del video, fue notable el crecimiento de la demanda por el poncho argentino. “Esto ha revolucionado nuestra forma de trabajo, nosotros hacemos todo artesanal, así que lleva bastante tiempo en realizarlo: hacemos el hilado, el teñido con tintas naturales, después el bordado todo a mano, costuras, hace siete años que tenemos que pudimos ir creciendo y tenemos un local en el centro de Belén, con un salón de exposición y venta, además de hacer la demostración como lo solíamos hacer en el fondo de nuestra casa”.
El artesano comentó que una prenda de esas características, “si tenemos que hacer desde el inicio del hilado, demora entre diez y quince días. Si tenemos todo el material listo, el tiempo de tejerlo, son tres o cuatro días para realizar un poncho”.
Dejó en claro que el proceso ancestral no es fácil y tiene sus secretos. “Somos un emprendimiento familiar, cinco personas, mi esposa Graciela, Daniela, Agostina e Ignacio. Nos repartimos las tareas y la producción dentro de todo es muy limitada. No es algo industrial, no tenemos una máquina que apretamos un botón y nos tira 20 o 30 ponchos por día”.
Recordó además que llegaron a “Rua Chay” tras un fracaso comercial. “De niños, de ambas familias, de mi esposa y mía, prácticamente todos nos dedicábamos a este oficio; los niños teníamos que hacer alguna tarea para ayudar en el hogar”, añoró. “Nunca pensamos dedicarnos a esto. A partir del año 93, que teníamos otro emprendimiento y nos fue muy mal con el gobierno de esa época, que entró mucho la importación y nos habíamos fundido… Y como teníamos el cocimiento de esto, y entonces empezamos a producir un poquito y ya hace 30 años que realizamos esto”.
Además, comentó que es incierta su presencia en la Fiesta del Poncho que empezará en un mes. “Al Poncho nunca fuimos, si nos invitaron a hacer algunas presentaciones en Buenos Aires, donde promocionaban el Poncho, y por una cuestión de tiempos, porque a nuestro emprendimiento lo visita mucha gente, no tuvimos, no la oportunidad, sino la decisión y no participamos en la Fiesta del Poncho”.