En distintas ocasiones hemos realizado desde el observatorio planteos sobre el vínculo que poseen los episodios meteorológicos extremos con el cambio climático y/o la variabilidad climática natural, con un interrogante: ¿Los “extremos” tienen valor, ya que han aumentado en las últimas décadas y los suponemos como aislados, o solamente debemos tener en cuenta los promedios de temperaturas del calentamiento global? Este último como una de las causas principales de toda la importante modificación actual de todo el sistema climático en la Tierra.
Los temporales de vientos fuertes con ráfagas, las precipitaciones con tormentas intensas e inundaciones en pueblos y ciudades por crecidas de ríos y arroyos, tornados, huracanes, olas de calor y frío son “extremos climáticos”. El Dr. Eduardo Agosta desde Salamanca (España), profesor de la materia de posgrado de circulación general de la atmósfera, cursada en forma online en 2020. Además, es un experto en temas de variabilidad climática, miembro activo de la “American Meteorological Society” (AMS) y de la “European Meteorological Society” (EMS) y uno de los colaboradores en la elaboración de Laudato Si, la Encíclica Papal.
Recientemente publicó para la fundación Pablo VI “que habrá que adaptarse a fenómenos extremos frecuentes como Filomena”, conocida borrasca de nieve que irrumpió de manera sorpresiva e incontrolable en España desde el 10 de enero (se debe este nombre en coincidencia al día de su santoral), congelando todo a su paso en Madrid, por ejemplo.“ Para atribuir esta tormenta invernal al cambio climático en un sentido estrictamente científico hay que hacer bastante investigación estadística y probabilística mediante el uso de modelos numéricos del clima histórico y bajo escenarios de clima futuro combinados, dentro de las series históricas de registros meteorológicos… está claro y es obvio que este evento es un extremo no registrado hasta ahora instrumentalmente.
Es probable que finalmente se le pueda atribuir al cambio climático porque dentro de esta teoría cabe esperar este tipo de fenómenos extremos. Varios ejemplos en los últimos años de cómo localmente, en pequeñas regiones de un continente, se han manifestado fríos extremos. Esto sucede porque el sistema climático, al tener más energía en determinadas zonas como, por ejemplo, en los hielos polares del Ártico, equilibra este aumento progresivo con el intercambio de masas de aire.
El Ártico desde hace varias décadas está siendo mucho más caliente que el resto de la superficie del planeta, con lo cual, para poder enfriarse, manda masas de aire hacia las latitudes medias a través de mecanismos dinámicos conocidos como las corrientes en chorro. Son justamente esas irrupciones de aire polar. Parte de la dinámica que generó estas copiosas nevadas y la irrupción de aire frío fue la presencia de una estructura de doble corriente en chorro en altura, estos vientos intensos que bordean el Ártico que, al estar muy cálidas, permitió el mayor intercambio de masas de aire. Esa dinámica apunta a que este extremo histórico vaya posteriormente a ser aducido a lo que conocemos como cambio climático.”
El intercambio de mayor energía por efecto invernadero producto de una mayor concentración de dióxido de carbono en la atmósfera provoca aumento en los promedios de temperatura a nivel global, a consecuencia de las actividades realizadas por el hombre que debilitan los jets de chorroy desencadenan eventos extremos, que no sólo se direccionan únicamente hacia episodios de ambientes calurosos, sino que afectan a otros elementos del clima por estar todo perfectamente conectado. Esto quita la razón a los escépticos o no creyentes del cambio climático que señalan: “que, con olas de frío, no hay cambio climático” … error …, porque el calentamiento del planeta provoca descongelamiento en los polos, ingresa más agua dulce a los océanos salados, se modifican las corrientes marinas y terminan alterando el “equilibrio del planeta”.
Ante esto es fundamental comprender esa mecánica del clima, para trasladarlo a nuestras latitudes en el caso de la provincia de Catamarca, que en los últimos años observa también y percibe el aumento de episodios “extremos” que deben ser seguidos mediante planificación para reducir en gran medida las consecuencias que pueden llegar a afectar a la población: vientos fuertes, tormentas de variada intensidad, crecidas de ríos, olas de calor y frío, etc. No solo es importante ahora la mitigación, sino la capacidad de adaptación y resiliencia que tengamos como especie en los próximos años yen próximos eventos extraordinarios que sucedan. Sino se permite mantener el equilibrio natural de nuestra biosfera yvamos destruyendo a través de nuestra actividad humana (industrialización, manipulación genética, destrucción de bosques o de la vida en los océanos, explotación masiva de recursos), claramente va a existir desequilibrios y/o desarmonización en el clima terrestre.
(*) Observatorio Clima Facultad de Humanidades de la UNCa. [email protected]