miércoles 20 de mayo de 2026

La Virgen del Valle habla a través de una mujer

Se llama Adriana, padece graves problemas de salud y consagró su dolor a Dios. Tiene estigmas en sus manos, recibe mensajes de María y se le atribuye la curación de un enfermo terminal. La Iglesia investigó el caso y expresó la “plena seguridad” de que es verídico. Se asegura sin embargo que no es “sanadora” sino “mensajera” de la Madre Morena.

Una mujer, pequeña y enferma, entra en estado de gracia y recibe mensajes de la Virgen del Valle. Tiene estigmas en sus manos, heridas de las cuales emana aroma de rosas. Transmite las palabras que milagrosamente recibe de María, y se comprobó la sanación de pacientes terminales luego de que tomaran contacto con ella.

Las características descriptas, de naturaleza absolutamente extraordinaria, resultan sin embargo familiares a la mayor parte de la población: todos, alguna vez, escucharon historias sobre prodigios similares.

Lo que diferencia a este caso de todos los anteriores, conviertiéndolo en inédito para Catamarca, es que ahora no se trata de una versión promocionada por revistas sensacionalistas o un grupo de vecinas sugestionadas, sino de un anuncio de la Iglesia Católica.

El sacerdote Javier Enzo Grosso, párroco de la Iglesia del Corazón de María, explicó este fenómeno luego de que el obispo diocesano Elmer Miani avalara su difusión.

“Hasta aquí tratamos de manejarlo con mucha prudencia, casi en secreto, para no generar caos ni ansiedad”, confió Grosso, quien afirmó que la Iglesia tiene la “plena seguridad” de que se trata de un caso sobrenatural.

La mujer, llamada Adriana P., recibe mensajes de la Virgen del Valle, está estigmatizada y sufre constantemente por el notable deterioro que estas experiencias ocasionan en su físico.

El padre Grosso asegura que al investigar el caso de Adriana se encontró la curación de un enfermo de cáncer, pero aún así prefirió identificarla como “mensajera de la Virgen”, y no como sanadora.

Acerca de los mensajes, comentó que no son “videncias ni revelaciones del futuro, sino llamados a la conversión, a creer, a tener fe y obrar en consecuencia”.

La Iglesia decidió aceptar y acompañar este prodigio “porque considera que reúne puntos clave y necesarios para considerarlo válido”, sostuvo Grosso.

Mencionó entonces cinco aspectos comprobados por las autoridades eclesiásticas sobre las condiciones y experiencias de Adriana, determinantes para llegar a avalarla. Son ellos:



1) Obediencia al magisterio ordinario del lugar (en Catamarca es el obispo, y significa que Adriana no puede obrar sin que Miani lo permita, por ejemplo, convocando fieles en la Liga Catamarqueña de Fútbol: sólo puede dar sus mensajes cuando el obispo la autoriza).



2) Recta intención de la persona (La mujer no se benefició con su don, no lo comercializó ni lucró).



3) Sufrimiento físico y moral, acompañado de un sano equilibrio psicológico (Se analiza una serie de detalles que demuestran el padecimiento que implica ser objeto de manifestaciones milagrosas, comprobando que la persona tenga capacidad de razonamiento y no caiga en cuadros de desequilibrio psicológico o emocional).



4) Búsqueda de unidad y comunión, dentro de la Iglesia presidida por la Eucaristía (Este punto alude a los mensajes que transmite, y a la necesaria presencia de un sacerdote cuando los comunica a los fieles).



5) Ataques del mal (aquí la Iglesia observa la manera en que el Diablo procura perjudicar a la persona que hace uso de su don, aunque no se especificó puntualmente cómo la molesta).



El obispo Elmer Miani autorizó la aparición pública de Adriana luego de recibir un mensaje puntual, cuando estudiaba la determinación final de una postura oficial.

Según comentó Grosso, la señal definitiva fue la inusual lluvia percibida al pie del Camarín, en un patio interior de la Catedral Basílica, el día de la Asunción de la Virgen.

“En última reunión, el obispo aprobó que Adriana apareciera en público, con la condición de que la acompañara un sacerdote, porque interpretó que la lluvia del Camarín fue un signo sobrenatural, una señal de que comenzaba una obra, un camino, una misión”, explicó Grosso.

Para una comunidad como la catamarqueña, que hace del culto a María su característica excluyente, la posibilidad de contar con una expresión tan impactante, seguramente generará enormes expectativas.

Las autoridades de la Iglesia, que asumieron la responsabilidad de avalar este acontecimiento, deberán ahora enfrentar la ardua tarea de canalizar correctamente sus efectos, e impedir que la naturaleza del caso se desvirtúe o se aleje de su camino esencial. Fuera del impacto público, las demás respuestas las encontrará cada persona, según se lo permita su capacidad de fe.

Por el momento, sobresale el firme y completo respaldo institucional de la Iglesia y los sacerdotes, históricamente destacados por su singular escepticismo ante estas cuestiones.



¿Quién es?

La Iglesia Católica indagó durante muchos años el caso de las manifestaciones marianas en esta mujer, antes de concluir en que se trata de acontecimientos sobrenaturales. El proceso de investigación fue iniciado en la provincia de Córdoba por el fallecido cardenal Raúl Francisco Primatesta, y terminó por ser avalado en Catamarca por el obispo Elmer Miani.

Desde el comienzo, las autoridades eclesiásticas realizaron un minucioso seguimiento de la mujer y sus experiencias, de modo que todos sus datos son conocidos y fueron corroborados, pero ella misma -enterada de que El Ancasti divulgaría sus imágenes-pidió a este medio que se preserven ciertos detalles, como su apellido, voluntad que se cumplirá.

Lo que puede decirse es que su nombre es Adriana P., es menor de 50 años, vive en Villa Carlos Paz, está casada y es madre, aunque luego consagró su matrimonio totalmente a Dios y junto con su marido viven en celibato.

Adriana nunca lucró con su condición, y tiene una salud extremadamente frágil, ya que está enferma y su organismo rechaza los medicamentos que se le suministran.

La reserva momentánea de otros datos no tiene la intención de rodear de innecesario misterio a esta persona, sino simplemente respetarla, tratándose de alguien especial, de una vida espiritual muy intensa, que bien tiene derecho a decidir qué aspectos de su vida prefiere mantener en la intimidad.



Entender lo sobrenatural

"No podemos ciertamente impedir que Dios hable a nuestro tiempo a través de personas sencillas y valiéndose de signos extraordinarios que denuncian la insuficiencia de las culturas que nos dominan, contaminadas de racionalismo y de positivismo. Las apariciones que la Iglesia ha aprobado oficialmente ocupan un lugar preciso en el desarrollo de la vida de la Iglesia en el último siglo. Muestra, entre otras cosas, que la Revelación -aún siendo única, plena y por consiguiente, insuperable- no es algo muerto; es viva y vital”.

Las palabras pertenecen a un estudio denominado “Reporte sobre la fe”, que escribió el entonces cardenal Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI.

La Iglesia cambió mucho su postura ante estos temas, y aunque muchas apariciones o prodigios auténticos no llegan a ser aceptadas como tales se escucha con atención cada experiencia.

Nunca en la historia de la Iglesia ha habido tantas apariciones aprobadas y tantos reportes de apariciones como en las últimas décadas. Se acumulan aproximadamente 500 reportes de apariciones desde 1980, de modo que la misma Iglesia considera que está en tiempos extraordinarios, en que Dios exhorta con urgencia e insistencia a través de su madre.

Pero al mismo tiempo indica que “debemos ser prudentes para evitar los engaños, porque son más los falsos profetas que los verdaderos”.

“El interés en los signos milagrosos y las apariciones es normal, pero no debe magnificárselos: aun cuando los signos son de Dios, de nada sirven a un corazón que no busca la verdad y la conversión. Muchas personas iban detrás de Jesús sólo para ver milagros, pero sin buscar la conversión. Pocos, muy pocos estaban de su parte al pie de la cruz. Hoy es igual. Mientras unos rechazan las apariciones de la Virgen, otros se fascinan con toda clase de manifestaciones y son fácilmente engañados. Es por eso necesario examinar la motivación”, se explica.

El magisterio de la Iglesia reconoce el derecho, tanto del clero como de los fieles en general, de interesarse por las manifestaciones sobrenaturales de carácter privado, incluso por aquellas aun no reconocidas oficialmente. Es más, el interés de los fieles es generalmente un requisito antes que la Iglesia examine un acontecimiento.

Los Papas Pablo VI y Juan Pablo II facilitaron la comunicación de los eventos sobrenaturales. El Papa Pablo VI derogó los artículos 1399 y 2318 del antiguo derecho canónico. (29 de diciembre de 1966, Acta Apostolicae Sedis (AAS) 58; AAS 56, pág. 1186).

Eso permite publicar y difundir, sin imprimátur y sin nihil obstat (permisos de las autoridades eclesiásticas), textos sobre nuevas revelaciones, apariciones, locuciones, profecías o milagros “en tanto no contengan nada contrario a la fe y la moral”.

A los obispos se les pide prudencia y no lanzarse prematuramente a tomar decisiones: ni a favor ni en contra. En este caso, el obispo Miani autorizó a Adriana, lo cual convierte en oficial su condición de mensajera de la Virgen y significa, para los creyentes, que recibe palabras de la Virgen del Valle para retransmitirlas a los fieles.
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