Si hasta no hace mucho tiempo el problema era la escasa concurrencia para cumplir con el calendario obligatorio de vacunación en la Argentina, en los últimos días el principal problema parece ser, sumándose al anterior y a juzgar por las demandas gestionadas por los Ministerios de Salud de la provincias, un preocupante faltante de dosis en los vacunatorios de las principales ciudades. Sobre llovido, mojado.
Desde hace varios años viene cayendo el porcentaje de personas que no cumplen con el calendario oficial. En 2024 se registró la cobertura más baja de la historia: ninguna vacuna del calendario alcanza la meta mínima del 95% recomendada para garantizar inmunidad colectiva, y varias caen por debajo del 50%.
La caída en la tasa de vacunación amenaza con posibilitar el retorno de enfermedades que se creían desterradas, como por ejemplo el coqueluche, también conocida como tos convulsa, que ya ha causado once muertes de niños menores a los dos años luego de constatarse la existencia de más de 1.200 casos confirmados en todo el país. Esta enfermedad grave se previene con solo aplicarse la vacuna triple a bebés de 2 a 6 meses, y tres refuerzo más, siempre durante la niñez. También se vacunan a las embarazadas. También ha regresado con fuerza el sarampión, e incluso hay temor por la aparición de casos de poliomielitis, que no se registran desde 1984.
Al problema de la baja tasa de vacunación se le suma ahora un preocupante faltante de dosis en los vacunatorios de las principales ciudades de la Argentina. Al problema de la baja tasa de vacunación se le suma ahora un preocupante faltante de dosis en los vacunatorios de las principales ciudades de la Argentina.
Mientras prevalecen las opiniones de expertos respecto de la necesidad de dinamizar campañas de concientización sobre la eficacia y seguridad comprobada de las vacunas, aparece como factor inesperado el faltante de dosis de los distintos tipos de vacuna, hecho confirmado por la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología. Salvo la Ciudad de Buenos Aires, casi todas las jurisdicciones han reportado esa escasez. La respuesta del Ministerio de Salud de la Nación ha sido que efectivamente el faltante existe, pero que no es responsabilidad de las autoridades argentinas sino un problema atribuible a dificultades logísticas para su arribo al país a raíz de la irracional guerra que han desatado Estados Unidos e Israel en Medio Oriente. La Organización Panamericana de la Salud ha expresado de manera oficial que "el cierre de espacios aéreos, puertos y centros logísticos estratégicos, así como las restricciones en el suministro de combustible, han reducido la capacidad de transporte disponible a nivel mundial. Esta situación está provocando retrasos en las entregas y un aumento considerable en los costos de flete, particularmente para los suministros producidos en Asia que están siendo redireccionados a través de rutas alternativas en Europa".
Es muy probable que las dificultades surgidas por la guerra se solucionen de un modo u otro en el corto plazo, pero persistirá el de la baja concurrencia a vacunarse, alimentada particularmente por prejuicios injustificados derivados de los movimientos antivacunas, que portan mensajes peligrosos y sin ningún basamento científico. De modo que las campañas de concientización y una estrategia más agresiva de llevar las vacunas a territorio aparecen como herramientas imprescindibles para torcer y revertir una tendencia preocupante.