sábado 4 de abril de 2026
Editorial

Secuelas de la crisis y la pandemia

Una combinación de crisis económica y sanitaria ha provocado que el 2022 se convirtiese...

Una combinación de crisis económica y sanitaria ha provocado que el 2022 se convirtiese en el peor año, en términos de malestar psicológico, de la última década en la Argentina, según un estudio recientemente publicado.

El informe, elaborado por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), sostiene que la a crisis económica que se empezó a gestar en 2018 y que se prolonga hasta nuestros días es un factor que favorece la aparición de enfermedades mentales, que son más comunes de los que a veces se supone. Según la Organización Mundial de la Salud, una de cada ocho personas en el mundo padece un trastorno mental. En la Argentina el porcentaje es mayor: una de cada cuatro.

El otro factor que gravitó para que se acrecentaran los casos de padecimiento de esta índole ha sido la pandemia que tuvo vigencia desde principios de 2020 y hasta hace un poco más de dos meses. El aislamiento preventivo y obligatorio que rigió durante buena parte de 2020 y 2021, sumado a los fallecimientos ocasionados por el nuevo coronavirus y las secuelas que provocó, generó numerosos cuadros de ansiedad y depresión, que se extendieron hasta el año pasado y muy probablemente continúen en la actualidad.

Si la crisis económica tiene una influencia preponderante en la multiplicación de los casos de enfermedades mentales, es lógico concluir que la población más vulnerable desde el punto de vista socioeconómico es también la más afectada. Estos sectores, además, poseen menos recursos para el tratamiento de este tipo de trastornos, de modo que la contención del Estado debe incluir, además de los aportes vinculados a la ayuda social inmediata, acciones que incluyen una atención de especialistas en la problemática.

No es la primera vez que se constata la incidencia del factor económico en la proliferación de enfermedades mentales. La crisis del fin de la convertibilidad, a comienzos de siglo, generó muchos trastornos mentales entre la población. Y a medida que la situación económica fue mejorando a partir de 2003, hubo evidencias de una mejoría generalizada. Solange Rodríguez Espíndola, psicóloga e integrante del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, señaló que "en el 2001 hubo un ascenso vertiginoso de la ansiedad y la depresión. Pero luego vinieron años de estabilidad que favorecieron el mayor bienestar de la comunidad".

Debe concluirse, en consecuencia, que es preciso el diseño y financiamiento de políticas de atención de la salud mental de la población, en particular de los más afectados por la crisis económica que son, al mismo tiempo, lo que menos recursos poseen para afrontar sin la ayuda pública este problema. Pero también es preciso entender que si no hay una mejora sustantiva de la calidad de vida de esos sectores aquellas políticas serán paliativos y no soluciones de fondo que permitan una baja sensible en el número de argentinos con trastornos mentales.

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