Aunque la reforma laboral y la baja de la edad de imputabilidad aún deban completar su trámite legislativo, Javier Milei consiguió demostrar ya que es capaz de traducir en términos institucionales su potencia electoral.
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Se afianza el orden libertario
Un contraste basta para calificar la vertiginosa media sanción de las dos iniciativas que impulsó en el Congreso como el hito más importante de su gestión hasta ahora: la plasticidad para avanzar en las negociaciones de los operadores libertarios se hizo más nítida al proyectarse sobre la impotencia kirchnerista.
El ejercicio del pragmatismo fue posible porque el kirchnerismo ha dejado de representar una alternativa de poder verosímil en el ecosistema político y perdió capacidad para condicionar los movimientos del fragmentado arco opositor.
Los triunfos legislativos fueron lo suficientemente rotundos, pero conviene enfocar algunos detalles, menos vistosos pero determinantes.
Retroceso “k”
En el Senado hubo asistencia perfecta y la reforma laboral se impuso con 42 votos sobre 30.
La Libertad Avanza quedó a sólo seis brazos de los dos tercios, cifra que le resulta indispensable para completar la integración de la Suprema Corte de Justicia y designar el Procurador. La mayoría simple obtenida le basta para comenzar a cubrir los cargos vacantes en la Justicia Federal, que son alrededor de 300, y designar los tres miembros que faltan para enterar la Auditoría General de la Nación.
Para aquilatar la profundidad del retroceso kirchnerista hay que tener en cuenta la composición del voto contrario a la reforma.
El rechazo del bloque que comanda José Mayans fue acompañado por los cinco miembros de “Convicción Federal”, el trío santiagueño que capitanea Gerardo Zamora y los dos senadores que responden al gobernador de Santa Cruz.
11 de 30, en un contexto de lealtades sinuosas. Zamora se mantiene enfilado con los “k”, pero el dato relevante es que el kirchnerismo puro no tiene los 24 votos necesarios para el tercio del cuerpo. Los libertarios ya tienen la mayoría, pero además están en condiciones de prescindir de ellos para completar la Corte y designar el Procurador, entre otros asuntos que podrían ser más ambiciosos.
La bancada de “Convicción Federal”, presidida por el puntano Fernando Salino y conformada por el catamarqueño Guillermo Andrada, el riojano Fernando Rejal, la tucumana Sandra Mendoza y la jujeña Carolina Moisés, se desacató de las directivas de Mayans inmediatamente después de la sesión y pidió integrarse las comisiones de Acuerdos, con Mendoza, y Relaciones Exteriores, con Andrada. Es decir: solicitó entrar en dos espacios de negociación clave para configurar el Poder Judicial y el cuerpo diplomático.
En la Cámara de Diputados, la reforma del régimen penal juvenil con la polémica baja de la edad de imputabilidad se impuso por 149 votos sobre 100, pero el indicio del eclipse kirchnerista apareció después, con la aprobación del Acuerdo Mercosur-Unión Europea. 203 votos afirmativos contra 42 rechazos instigados por los ultra k, una paliza de la que emergió el dato más significativo: de los 91 miembros del bloque kirchnerista, nada menos que 48 –la mayoría- votaron a favor.
Malevolentes que nunca faltan se encargaron de destacar la cantidad de bonaerenses en el voto kirchnerista contrario al acuerdo.
Punto de inflexión
Desde el accidentado trámite de la Ley Bases y hasta las elecciones de octubre del año pasado, el Congreso operó como un silicio para el Gobierno. Baste recordar episodios como el rechazo a los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García Mansilla para la Suprema Corte, la derogación del DNU de Inteligencia o la ratificación de la Ley de Financiamiento Universitario contra el veto de Milei, picos de una insumisión que alcanzó grados de paroxismo antes de los comicios, con mandobles que incluyeron propuestas para coparticipar los ATN o facilitar los trámites para invalidar los DNU.
El alcance político de lo ocurrido esta semana debe conjeturarse a la luz de estos antecedentes inmediatos.
Milei comienza a despejar las acechanzas de la ingobernabilidad que signaron su gestión desde los inicios con una anemia parlamentaria congénita. Los resultados electorales no le alcanzaron para una mayoría propia, pero diezmaron a sus antagonistas.
En la gestión de la reforma laboral se destacaron las concesiones al sindicalismo, que retuvo la recaudación compulsiva de sus cuotas y los aportes a las obras sociales, y a los gobernadores, que lograron evitar una reducción del impuesto a las Ganancias que hubiera afectado la coparticipación.
No es descabellado suponer que ambos puntos hayan sido incorporados al proyecto justamente para utilizarlos como cartas de negociación.
Lo prioritario para la administración libertaria era enviar la señal política de que era capaz de domesticar al Congreso y lo logró.
Si eso alcanza para revertir los recelos de los actores económicos está por verse, pero es un punto de inflexión que modifica todo el escenario.
En extinción
El desenlace de la interna del PJ bonarense confirmó que Axel Kicillof no puede, no sabe o no quiere cortar el cordón umbilical que lo ata a Cristina Fernández de Kirchner. Se rindió ante “La Cámpora” y aceptó presidir el partido para evitar las urnas, entregando la presidencia del Congreso partidario a Máximo Kirchner. Los caciques provincianos y jefes territoriales que todavía cifran esperanzas en él comienzan a verlo como una prefiguración de Alberto Fernández.
El orden libertario empieza a encontrar su lógica, mientras el kirchnerismo se extingue como referencia y se radicaliza en el purismo testimonial.