jueves 22 de septiembre de 2022

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Editorial

Recursos desaconsejados

En un contexto de dificultades económicas como el que vive la Argentina, la actividad industrial...

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13 de agosto de 2022 - 00:15

En un contexto de dificultades económicas como el que vive la Argentina, la actividad industrial mantiene sin embargo una tendencia positiva. Una de las ramas más “exitosa” es la farmacéutica, que en el primer semestre de este año se incrementó un 48 por ciento respecto del mismo periodo del año pasado. Según las cifras publicadas por el INDEC, esta rama de la industria facturó casi 165 mil millones de pesos.

Los medicamentos más consumidos son, según los datos de la compañía IQVIA, los que combaten el dolor (108 millones de unidades promedio), seguidos por los que atacan enfermedades respiratorias (68 millones de unidades promedio), la hipertensión (65 millones de unidades promedio) y los dermatológicos (61 millones de unidades promedio).

La conclusión primera es que los argentinos consumen cada vez más medicamentos, los de venta libre y los recetados.

Resulta difícil determinar qué porcentaje de estos medicamentos que se consumen son “necesarios”. Es decir, si efectivamente es la mejor respuesta a la necesidad que tiene una persona que recurre a ellos. Es que si bien hay muchas dolencias que requieren de tratamientos médicos diseñados por la ciencia para abordarlas, también lo es que hay un consumo en exceso, consecuencia de lo que se denomina medicalización. La medicalización es la acción de tratar problemas no médicos como médicos. Por ejemplo, problemas sociales o circunstancias naturales de la vida.

Hay una tendencia, promovida en algunos casos por profesionales de la salud o empresas farmacéuticas, pero también asumidas voluntariamente por las personas, a consumir medicamentos aunque no sean estrictamente necesarios. Hay promociones engañosas que prometen soluciones mágicas para todo tipo de dolencias. Entonces se medican, señalan los expertos, las fases normales del ciclo reproductivo y vital de la mujer (menstruación y pre-menstruación, embarazo, parto, menopausia), pero también los cambios propios de la adolescencia, la vejez (y no solo las dolencias que ésta puede ocasionar), la infelicidad, la soledad, el aislamiento o insatisfacción por problemas sociales.

Debe entenderse que el consumo innecesario de medicamentos tiene un costo que no siempre se considera, secuelas que afectan seriamente la salud y que requiere ya de abordajes médicos más complejos que podrían haberse evitado.

Al mismo tiempo que crece el consumo de medicamentos, se desarrolla también una tendencia a evitar la medicalización apelando a lo que se denominan las terapias alternativas, tratamientos que de todos modos deben estar autorizados por autoridad competente para evitar otro tipo de daños a la salud.

El exceso en el consumo de medicamentos, que en determinadas circunstancias es peor que las consecuencias de la dolencia o malestar que pretende tratar, y el uso de terapias alternativas cuya eficacia y seguridad no ha sido probadas, son recursos que la ciencia desaconseja cada vez más enfáticamente.

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