jueves 23 de junio de 2022

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25 de mayo de 2022 - 01:15

Era previsible que exdiputado del PRO Diego Martín Figueroa disparara sobre el Gobierno en la reunión de la Comisión de Peticiones y Poderes a la que se lo convocó a explicar qué lo llevó a proponer que la Cámara baja condecorara al “Trader God” Edgar Adhemar Bacchiani.

¿Si saben cómo se pone, para qué lo invitan?, suele decirse. En este caso, lo increíble es que el presidente del bloque oficialista, Ramón Figueroa Castellanos, sabía cómo se pondría el invitado, promovió la invitación de todos modos y no diseñó estrategia alguna para, a cambio de las previsibles imputaciones que descerrajaría, al menos quedara en evidencia lo obvio: la condecoración a Bacchiani, postulada por Figueroa y su compañera Natalia Saseta, no fue más que la continuidad a nivel institucional de las maniobras de legitimación que venía desarrollando enfáticamente hasta ese momento, en soledad, el presidente del congreso de la Coalición Cívica-ARI Mariano Manzi.

A lo único que atinaron los oficialistas fue a tratar de hacer callar a un expositor chocho de la vida por la posibilidad que se le ofrecía para, reinvestido por un momento con prerrogativas parlamentarias, embarrar a gusto al Gobierno y desviar la atención del hecho central: el proyecto que presentó con Saseta fue un intento de complicar al Parlamento en las maniobras publicitarias de Bacchiani, cuando ya los gobiernos provinciales de Catamarca y La Rioja habían advertido al Banco Central de la República Argentina y la Comisión Nacional de Valores sobre las actividades de las criptofinancieras que ofrecían tasas de retorno exorbitantes en lo que, para ese noviembre, era una cada vez más evidente y sospechosa disputa por capturar depósitos.

Saseta, presidenta de la comisión, se ocupó de transmitir el encuentro en directo por Facebook a través de su teléfono celular. Los radicales habían decidido en un primer momento mantenerse al margen del tiroteo, pero la inconsistencia del equipo comandado por Figueroa Castellanos era tal que no pudieron resistir la tentación de meter cuchara.

Ligero, José “Chichí” Sosa hizo la pregunta-estribo que Figueroa precisaba para salir de las conjeturas leguleyas y pasar decididamente a la carga con las presuntas relaciones entre funcionarios del Gobierno y el “trader” más famoso, mientras Figueroa Castellanos se limitaba a insistir desesperadamente con que se votara de inmediato el archivo de la propuesta.

Si este era el objetivo, ¿para qué ofrecerle escenario a Figueroa? Ni siquiera hacía falta el tratamiento, alcanzaba con dejar que la insólita iniciativa languideciera hasta perder estado parlamentario.

Saseta hasta se dio el gusto de pedirle disculpas al exdiputado por la molestia y los destratos a los que lo habían sometido los desconsiderados peronistas. Luis Lobo Vergara, titular del bloque de la UCR, se regocijó de que hubiera naufragado la operación tendiente a relacionar a Juntos por el Cambio con la trama de las estafas piramidales.

Figueroa, por su parte, ha confirmado una dureza de cara que lo hace acreedor a puestos de mayor responsabilidad en el arco opositor. Sin que nadie lo contradiga, equiparó el aval a los fraudes con la criptoeconomía y llegó a subrayar que Bacchiani, en la célebre charla que provocó la propuesta de homenaje, había advertido sobre los riesgos de la timba financiera y recomendado no jugar en ese terreno con dinero que el inversor no estuviera en condiciones de perder.

Hizo su trabajo, incluso mostró copias de fotografías y las exhibió asignándoles sentido incriminatorio.

Sus antagonistas no tenían ni siquiera el archivo de las declaraciones y posteos en redes sociales a favor del “Trader God”, entre los que se destaca el que expresó su satisfacción por estar en la prensa nacional con el proyecto de condecoración y los denuestos contra Gobierno cuando el Central pidió a la PROCELAC que investigara a Adhemar Capital por posible estafa.

Limpito salió el macrista. Los oficialistas recuperaron reacción recién en la conferencia de prensa.

Lógico: nadie puede alegar en su defensa su propia torpeza.

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Adhemar Capital. según la denuncia, la escribana era parte de la empresa.

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