Para los médicos, Murúa puede volver a la cárcel de Mujeres
Así lo establecieron los peritos del CIF y de la querella. Pedirán que sea trasladada a la Unidad de Mujeres Nº 2.
Los peritos que intervinieron en la junta médica de Mónica Murúa -una de las dos personas imputadas por el asesinato de Miguel Ángel Ferreyra- establecieron que ella puede estar detenida en una dependencia policial, esto es la Unidad de Mujeres Nº 2. Así lo informaron al fiscal de Instrucción Nº 2, Laureano Palacios, quien está a cargo de la investigación del homicidio; y a la fiscal de Instrucción en feria, Yésica Miranda. El informe de los profesionales fue remitido a la Fiscalía el martes 16 de enero de este año.
Actualmente, Murúa cuenta con detención domiciliaria, pero su situación podría variar. De hecho, los abogados querellantes en la causa, Sebastián Ibáñez y Marcos Gandini, tienen previsto solicitar a la fiscal que Murúa sea trasladada inmediatamente a la Unidad de Mujeres Nº 2. De acuerdo con la información a la que accedió El Ancasti, los médicos forenses del CIF Sergio Andrada, Rubén Musri y Gustavo Castillo, más el perito querellante Julio Castro, señalaron que la acusada, quien tiene un cuadro de hipertensión arterial, “en las condiciones actuales, y mientras se cumpla con el tratamiento farmacológico y los controles cardiológicos señalados, puede permanecer alojada en dependencia policial. No obstante, la patología detectada (hipertensión arterial) requiere su atención médica en algún centro hospitalario en el caso de presentar síntomas de alarma (cefaleas, dolor de pecho, hemorragia nasal) a fin de evitar posibles complicaciones por su hipertensión arterial”.
Los especialistas sugirieron a los fiscales que en la dependencia policial o penitenciaria donde se encuentre alojada Murúa se disponga de un tensiómetro y de una persona entrenada para controlar sus signos vitales diariamente. También remarcaron que la acusada tiene antecedentes de hipertensión arterial, artrosis y sobrepeso. Además, le hicieron saber a los pesquisas que, según Murúa, hace dos o tres años, aproximadamente, ella tomaba medicamentos para la hipertensión arterial, situación que se exacerbó en agosto del 2023, cuando presentó un episodio de hipertensión arterial, cefaleas y hemorragia nasal, que requirió internación en un sanatorio céntrico.
Por otra parte, sugirieron que a la mujer le realicen controles médicos y cardiológicos cada tres meses. Según detallaron los médicos, la mujer tiene hipertensión arterial seria de carácter permanente, crónica y progresiva.
Murúa y su hijo, Jorge Castro, están imputados por el crimen de Ferreyra. Palacios acusó a Castro por el delito de “homicidio simple en calidad de autor” y a Murúa, por “homicidio simple en calidad de partícipe secundaria”.
Hecho
El domingo 10 de septiembre, Ferreyra recibió una puñalada en su pecho que terminó con su vida. Ocurrió en el barrio 140 Viviendas, ubicado en Valle Viejo. Según la pesquisa, Murúa se encargó de disminuir la defensa de Ferreyra y, tras esto, Castro se aprovechó de la situación y le dio el puntazo fatal a la víctima con un cuchillo tipo carnicero.
Ese día, pasadas las 10.15, Ferreyra se encontraba reunido con más de tres hombres tomando bebidas en la vía pública, sobre la calle pública sin nombre en intersección con la calle José Luis Galarza, a orillas del “canal de la muerte”, en el barrio mencionado.
En ese momento, Castro se hizo presente en el lugar. Llegó a bordo de una motocicleta Yamaha Crypton roja. Allí, Castro y Ferreyra mantuvieron una discusión. Esto sucedió porque Ferreyra acusaba a Castro de haberle sustraído un casco que era de su propiedad. Tras la discusión, se inició una pelea a puños entre ambos. El combate fue apaciguado por Jonathan Agüero, uno de los hombres que estaba compartiendo bebidas con Ferreyra. Agüero separó a Castro y Ferreyra.
Luego de esta situación, Castro se dirigió caminando hasta su casa, que está situada en el Loteo Jalil, a unos 300 metros de la escena del crimen. A los pocos minutos, Castro volvió al lugar del hecho acompañado por Murúa, quien es su madre. Iban en busca de Ferreyra. Castro llevaba una pala en una mano y dos cuchillos en la otra. Murúa, por su parte, tenía un látigo con cabo de madera y tiras de cuero.
Al encontrarse con Ferreyra, Murúa lo insultó y lo incitó a pelear. También empezó a aplicarle varios golpes con el látigo a Ferreyra y a Agüero. Agüero, por su cuenta, intentaba retirar a Ferreyra del lugar colocando su moto en el medio para evitar las agresiones hacia Ferreyra, mientras retrocedían. Ferreyra lo hacía a pie y Agüero a bordo de la moto, con la intención de evitar los ataques de Castro y Murúa.
En ese trayecto, a Castro se le cayó un cuchillo. Seguidamente, Castro y Murúa agredieron a Ferreyra. Él lo golpeó con la pala y su madre con el látigo. Para la investigación, Murúa tuvo intenciones de cooperar con Castro, a sabiendas de que su hijo tenía un arma blanca. En este sentido, Murúa disminuyó la defensa de Ferreyra y, tras esto, Castro aprovechó que estaba en ventaja y le asestó la puñalada a Ferreyra con el cuchillo tipo carnicero, todo esto de acuerdo con la información que surgió de la pesquisa.