lunes 16 de marzo de 2026
Editorial

Lecciones de las inundaciones tucumanas

Las inundaciones que en los últimos tiempos afectan con creciente frecuencia a Tucumán han dejado de ser un fenómeno excepcional para convertirse en un problema estructural. Informes técnicos y análisis especializados coinciden en señalar que hay un sistema urbano y ambiental que ha perdido capacidad para absorber el agua de las lluvias cuando son copiosas. La combinación de expansión urbana sin planificación, degradación de las cuencas y deficiencias en la infraestructura pluvial terminó generando un escenario de alta vulnerabilidad.

Aunque las condiciones climáticas de Catamarca no son idénticas, lo que ocurre en la vecina provincia debería encender una señal de alerta. En nuestra provincia, los problemas hídricos no siempre se manifiestan como inundaciones prolongadas, sino como crecidas repentinas y aluviones que descienden con fuerza desde las sierras hacia los valles donde se concentra la población.

El caso del Valle Central es particularmente ilustrativo. Allí confluyen cuencas que bajan desde la Sierra de Ambato y otras formaciones montañosas, canalizando el agua hacia la capital provincial. Ríos y arroyos como El Tala o Del Valle forman parte de ese sistema natural de escurrimiento que durante gran parte del año mantiene caudales moderados, pero que puede transformarse con rapidez ante lluvias intensas en las zonas altas.

El crecimiento urbano reciente de San Fernando del Valle de Catamarca introduce un factor adicional de riesgo. En las últimas décadas la ciudad se expandió hacia sectores que antes funcionaban como áreas de drenaje natural o de amortiguación frente a crecidas. Nuevos barrios, pavimentación y reducción de superficies permeables modificaron el comportamiento del agua de lluvia, acelerando el escurrimiento hacia los puntos más bajos.

Catamarca necesita avanzar en una estrategia que combine ordenamiento territorial, inversión en infraestructura pluvial y protección de las cuencas altas. Catamarca necesita avanzar en una estrategia que combine ordenamiento territorial, inversión en infraestructura pluvial y protección de las cuencas altas.

Cuando ese proceso se combina con la ocupación de márgenes de ríos o con la alteración de cauces naturales, el sistema pierde capacidad para absorber eventos extremos. No es un fenómeno que se perciba todos los años, pero cuando ocurre expone con claridad las debilidades acumuladas.

A esta situación se suma el estado de las cuencas en las zonas serranas. Incendios forestales, pérdida de cobertura vegetal y erosión del suelo reducen la capacidad del territorio para retener el agua. Sin esa protección natural, las precipitaciones se transforman rápidamente en escorrentías que descienden con mayor velocidad hacia el Valle Central.

En ese sentido, Catamarca necesita avanzar en una estrategia que combine varias líneas de acción. La primera es el ordenamiento territorial, evitando nuevas urbanizaciones en zonas de riesgo y revisando aquellas que ya se encuentran en áreas vulnerables. Además, inversión en infraestructura pluvial: canales, reservorios, sistemas de drenaje y mantenimiento permanente de cauces. Finalmente, con mucha gravitación en el largo plazo, se requiere protección de las cuencas altas, preservando la vegetación nativa y promoviendo prácticas que reduzcan la erosión del suelo.

No se trata de un desafío menor ni de soluciones inmediatas. Requiere planificación técnica, continuidad de políticas públicas y coordinación entre distintos niveles del Estado.

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