domingo 26 de junio de 2022

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Editorial

Las adicciones y un delicado equilibrio

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2 de junio de 2022 - 01:00

Los episodios de “Chano” Charpentier y Felipe Pettinato adquieren relevancia pública por la fama de sus protagonistas, pero a diario hay gran cantidad de personas que sufren adicciones y que son protagonistas de historias igual de dramáticas sin que sus historias sean siquiera conocidas. Todos los que atraviesan crisis de esta naturaleza requieren de asistencia profesional, de eso no hay duda, pero existen controversias respecto de algunos aspectos de esa asistencia contemplados en la Ley Nacional de Salud Mental.

Marina, madre de “Chano”, expuso el pasado lunes en el Senado de la Nación el drama familiar que vive, y en función de su experiencia solicitó la modificación del artículo 20 de la mencionada norma. Ese artículo establece que la internación involuntaria de un paciente es un recurso “excepcional” que “solo podrá realizarse cuando a criterio del equipo de salud mediare situación de riesgo cierto e inminente para sí o para terceros”.

La progenitora del músico argumentó que debe escucharse la voz de los familiares al momento de decidir la internación: “Una persona adicta tiene su voluntad tomada por la sustancia y no puede decidir con su sano juicio qué es lo bueno y lo malo para él”, señaló, con lógica de hierro. “El artículo 20 es una injusticia, una estupidez y una falta de conocimiento terrible”, agregó.

El punto a discutir es quiénes y de qué manera evalúan que un paciente psiquiátrico puede ser peligroso para sí mismo y para terceros.

Respecto del “quiénes”, la ley vigente habla del equipo de salud. Y especifica precisamente en su artículo 20 que la orden de internación forzada debe llevar “la firma de dos profesionales de diferentes disciplinas, que no tengan relación de parentesco, amistad o vínculos económicos con la persona, uno de los cuales deberá ser psicólogo o médico psiquiatra”. La mención es atinada, pues involucra a por lo menos un profesional específicamente capacitado para realizar la evaluación. Pero la asistencia a personas que atraviesan por episodios críticos y que, en la práctica, son peligrosas para sí mismas y para terceros, no siempre tiene ni la celeridad ni la eficacia que se requiere, mucho menos si no tienen la fama o los recursos de los adictos de la farándula.

Modificar la legislación según la opinión de Marina Charpentier, que lógicamente no opina como experta sino como una madre devastada por el drama que vive su hijo, implicaría poner en riesgo la libertad de una persona solo por su condición de adicto, aunque no se verifique a través de expertos su peligrosidad. Precisamente el espíritu de la Ley de Salud Mental es la de facilitar el contacto de los pacientes con alguna patología psiquiátrica, y las adicciones agudas lo son, con la sociedad en general y particularmente con sus seres queridos, que le pueden brindan contención, que es una parte fundamental de cualquier terapia.

La clave no parece ser, en consecuencia, modificar la legislación, sino tornar más eficiente la asistencia a los pacientes especialmente problemáticos, buscando un equilibrio entre su libertad y la protección propia y de su entorno.

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