La política y el pluralismo son parte esencial de la universidad
Una inesperada polémica se originó en la universidad y luego se trasladó a las redes sociales...
Una inesperada polémica se originó en la universidad y luego se trasladó a las redes sociales, cuando un docente de la carrera de Arquitectura de la UNCA hizo una comparación en una clase entre el discurso del dirigente libertario Javier Milei y los de los genocidas Jorge Rafael Videla y Adolf Hitler.
La polémica en cuestión se diversificó en dos cuestiones: una, naturalmente, respecto a la validez de la comparación en sí. El docente expuso sus argumentos para trazar esa vinculación discursiva; algunos los compartirán y otros se opondrán, señalando que es un disparate, una exageración o, incluso, defendiendo la figura de Milei. Hasta ahí una controversia normal dentro de un debate del que participan personas con posiciones políticas o ideológicas diferentes o hasta opuestas.
Lo que llamó la atención es la polémica surgida a partir de las quejas de algunos estudiantes, que acusaron al docente de querer “adoctrinarlos”. Que un docente, exprese en el marco de una clase de un nivel terciario, universitario, o incluso de los últimos años de la secundaria, una postura política determinada no implica un adoctrinamiento, porque si lo fuera habría que concluir que los alumnos no son personas pensantes y con la suficiente capacidad crítica como para razonar y también opinar, a favor o en contra, sobre el tema en cuestión.
La universidad tiene como una de sus funciones centrales convertirse en caja de resonancia de los debates públicos en el país. No solo opinar sobre los temas que forman parte del programa de estudio y sobre otros también, es posible, sino también deseable. Las aulas universitarias no pueden ser recintos donde los profesores viertan contenidos presuntamente asépticos, esterilizados y libres de cualquier contaminación política, para que los estudiantes los asimilen sin reflexión alguna. Primero porque tal asepsia en realidad no existe. Todos los temas, aun en las ciencias duras, tienen por sí mismo o por el contexto en el que se aplican, una interpretación determinada de cada sujeto en función de su cultura, escala de valores o cosmovisión del mundo. Pero además porque el debate de ideas enriquece y promueve el juicio crítico, que es condición esencial en el esquema de enseñanza-aprendizaje.
La universidad es una estructura política en su naturaleza. Y los estudiantes, como los docentes, los egresados y los trabajadores nodocentes, forman parte del cogobierno de la universidad a través de su propio claustro, cuyos representantes son electos en comicios de los que participan agrupaciones independientes o relacionadas con partidos políticos. Mal puede criticarse, entonces, que se viertan análisis políticos en las clases.
De todos modos, lo que sí debe garantizarse es la libertad de opinión y de expresión, tanto de docentes como de estudiantes. El pluralismo, además de ser imprescindible para hacer crecer en calidad el debate de ideas, forma parte esencial de la vida universitaria.n