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Cara y Cruz

La pobreza como estorbo visual

30 de marzo de 2026 - 00:15

La iniciativa del concejal libertario Diego Figueroa para prohibir “la interrupción de comensales” en bares y comercios de la Capital por parte de vendedores ambulantes y mendigos parece haber logrado algo difícil en tiempos de polarización: una unanimidad casi perfecta. A medida que pasan los días se acumulan los rechazos, mientras las adhesiones ni siquiera aparecen entre aquellos ciudadanos cuya “seguridad y tranquilidad” el edil dice proteger con las medidas que propicia.

Figueroa, hay que reconocerlo, tiene un talento especial: el de no pasar inadvertido, aunque no precisamente por su creatividad o su contribución al bien común. Fue él quien, en su etapa como diputado provincial, consideró oportuno proponer como ciudadano ilustre al “Trader God” Edgar Adhemar Bacchiani, en momentos en que la estafa piramidal que perpetraba ya había sido ampliamente denunciada por este diario y se encontraba a punto de derrumbarse.

Ahora, el rechazo más reciente proviene de la Asociación de Hoteles, Bares, Confiterías, Restaurantes y Afines de Catamarca, que calificó la iniciativa anti-vendedores ambulantes y anti-mendigos como “un despropósito total”.

Raúl Kotler, referente del sector y vicepresidente de la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica Argentina, reflexionó que la iniciativa no solo no resuelve el problema, sino que crea otro. Pretende convertir a los comerciantes en responsables de impedir el ingreso de personas no autorizadas, bajo amenaza de multas y hasta clausuras. Es decir, la iniciativa desplaza la carga hacia los propios comerciantes, transformándolos en una suerte de auxiliares del control estatal.

El proyecto de Figueroa encarna un fervor reglamentarista que difícilmente podría ser defendido en el manual de desregulación que permanentemente declama La Libertad Avanza. Pero tal vez allí radique su originalidad: en proponer más controles en nombre de la libertad. Una suerte de oxímoron normativo que, de prosperar, podría inaugurar una nueva escuela doctrinaria.

Como complemento de esta saga, Figueroa también impulsa la prohibición de “trapitos” y “limpiavidrios” en la Capital. Aquí el tono se vuelve aún más ambicioso. Para quienes no se adapten a la ordenanza, se prevén sanciones que incluyen el uso de armas no letales, trabajos comunitarios o multas. Todo un despliegue de ingeniería punitiva para abordar un fenómeno que, curiosamente, no incluye en el paquete ninguna alternativa laboral. El argumento al que apela es a castigar presuntos actos intimidatorios o extorsivos, para los cuales ya existen normativas contravencionales y penales en vigencia.

Figueroa propone correr de escena a quienes incomodan, sin preguntarse demasiado por qué están allí. La pobreza le resulta más un estorbo visual que una cuestión estructural que atender. Figueroa propone correr de escena a quienes incomodan, sin preguntarse demasiado por qué están allí. La pobreza le resulta más un estorbo visual que una cuestión estructural que atender.

Para el edil los problemas en la ciudad no se analizan ni debaten, se eliminan por decreto. En los hechos, lo que propone es correr de escena a quienes incomodan, sin preguntarse demasiado por qué están allí. La pobreza, en esta lógica, parece ser más un estorbo visual que una cuestión estructural que atender.

El problema de fondo no es solamente la dureza de las medidas, sino la mirada sesgada sobre la realidad social. Las propuestas parten de la idea de que la exclusión se resuelve mediante prohibiciones, sanciones y expulsión del espacio público. No hay diagnóstico sobre las causas del trabajo informal ni propuestas de contención o reconversión laboral. Solo un enfoque que tiende a invisibilizar a quienes sobreviven como pueden.

En ese contexto, los proyectos de Figueroa aparecen como un desatino difícil de explicar. No solo por su dudosa eficacia, sino porque promueven medidas de exclusión que terminan complicando aún más la vida de personas que ya se encuentran en situaciones de vulnerabilidad, en algunos casos extrema.

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