La Conferencia Episcopal Argentina rechazó la baja de la edad de imputabilidad penal para menores y sostuvo que estas propuestas no deben considerarse como la única respuesta ante los delitos que involucran a jóvenes. En referencia a la figura de San Juan Bosco y los 150 años de presencia salesiana en la Argentina, destacaron el sistema educativo impulsado por este referente, que se basa en la cercanía de los adultos, el trabajo, la educación y la vida comunitaria como herramientas de desarrollo.
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La Iglesia pidió fortalecer estructuras educativas
En una carta titulada "Más oportunidades que penas", citaron interrogantes planteados en marzo de 2025 por la Pastoral Social de la misma Conferencia. "¿Dónde van a recluir a los menores si se concreta la baja de la edad de imputabilidad? ¿Qué alternativas reales existen para educarlos y reinsertarlos socialmente? Sabemos cómo es la realidad de los establecimientos penitenciarios. ¿En serio creemos que esa es la solución?", se preguntaron, al mismo tiempo que plantearon dudas sobres las condiciones y los dispositivos disponibles en las provincias para alojar a adolescentes y jóvenes que delinquen, así como por la efectividad de las instituciones penitenciarias para abordar el problema.
Para la CEA, es “imprescindible un régimen penal juvenil y adolescente que tenga una mirada humana, integral y abierta a la esperanza”. Los obispos integrantes de la Comisión Ejecutiva subrayaron la necesidad de fortalecer políticas educativas y comunitarias, además de focalizarse en la construcción de alternativas preventivas. También señalaron que la prevención requiere del acompañamiento de las familias, una comunidad comprometida y la intervención de un Estado presente.
"Inspirados en el legado de Don Bosco, advertimos que centrar el debate casi exclusivamente en la pena suele dejar en segundo plano aquello realmente necesario: lo que previene, educa y acompaña. La Iglesia está cercana al dolor desgarrador de las familias y comunidades víctimas de estos delitos; sin embargo, insistimos en que una discusión centrada únicamente en la edad de los menores involucrados corre el riesgo de simplificar una realidad mucho más compleja que interpela a la familia, a la escuela, a la comunidad y al Estado. El desafío es más amplio: pensar caminos que cuiden, eduquen y acompañen y no solo respuestas que llegan cuando el daño ya está hecho", remarcaron.
"La figura y el legado de San Juan Bosco iluminan con especial fuerza este camino. Él no negaba los conflictos ni idealizaba la realidad, pero con su sistema preventivo apostó a la presencia cercana y afectiva de los adultos, a la educación, al trabajo y a la vida comunitaria como caminos de realización plenamente humanos. A la luz de su legado y de los 150 años de presencia salesiana en la Argentina, desde la Iglesia insistimos en una propuesta positiva: educar, acompañar y prevenir. El desafío es fortalecer políticas educativas y comunitarias que construyan futuro, más que debates que profundizan divisiones. En esta memoria de San Juan Bosco, reafirmamos que la verdadera prevención nace del cuidado compartido: de familias acompañadas, de comunidades comprometidas, de un Estado presente y de una sociedad que no se resigna a perder a sus niños y jóvenes", apuntaron.
"Creemos y defendemos que la niñez y la juventud son tierra sagrada donde Dios sigue sembrando futuro. El querido Don Bosco siga intercediendo por nuestros niños y jóvenes, especialmente los más vulnerables", concluyeron en el escrito, que lleva la firma del Marcelo Colombo, arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina; Ángel Rossi, arzobispo de Córdoba y vicepresidente primero; Cesar Daniel Fernández, obispo de Jujuy y vicepresidente segundo; y Raúl Pizarro, obispo auxiliar de San Isidro y secretario general.