Arriba el mes de febrero y Catamarca se convierte en escenario de una celebración ancestral e histórica de la región, teñida de sentimiento y una huella marcada con identidad. Es el tiempo de la chaya.
Diversas celebraciones se materializan en tiempos de carnaval y la que encabezan Emilio y Mario Rodríguez, en pleno barrio El Mástil, se transformó en una de las predilectas por el público catamarcano.
Arriba el mes de febrero y Catamarca se convierte en escenario de una celebración ancestral e histórica de la región, teñida de sentimiento y una huella marcada con identidad. Es el tiempo de la chaya.
Se trata de una celebración que comienza a asemejarse a una fiesta popular y que apunta a reafirmar su presencia como evento dentro del calendario cultural de esta tierra, y que, además, se trata de una de las expresiones más profundas de la identidad catamarqueña, un ritual que hunde sus raíces en las culturas originarias y que busca mantenerse vivo en cada carnaval.
Dentro de este contexto, la cancha del Centro Vecinal “Domingo Faustino Sarmiento”, ubicada en barrio El Mástil, se transforma en el espacio elegido por cientos de catamarqueños que buscan celebrar con alegría y disfrutar de un grato momento en familia debido a que allí se realiza, desde 2018, la tradicional Chaya de Los Hermanos Rodríguez.
Se trata de un evento que se caracteriza por ser uno de los puntos chayeros por excelencia que se colma de gente, con el aporte de la música de destacados artistas locales, danza, topamientos, mucha harina, y toda la alegría que refleja el carnaval. Se trata de un espacio donde queda claro que desaparecen las barreras, no hay clases sociales ni tampoco edades y géneros: nadie se quiere perder esta fiesta ni puede estar ajeno a la máxima celebración que vive el pueblo una vez al año bañado de harina y albahaca.
“Se trata de una hermosa fiesta que hemos asumido materializar con responsabilidad. Nuestra música y el canto nos permiten llevar alegría a la gente y la exponemos en un espacio propio que, en este año, cumple su octava edición y cada vez crece mucho más. Nos sorprende el cariño y el acompañamiento de la familia”, sostiene Emilio Rodríguez, quien junto a su hermano Mario, encabezan este proyecto que se inició en 2018 y que se realizó de manera ininterrumpida, salvo un año producto de la pandemia.
Cada año, el Centro Vecinal Domingo Faustino Sarmiento se constituye en el escenario ideal para una de las fiestas chayeras más importante que posee Catamarca, tanto por la cantidad de público que asiste a divertirse como también por el clima cálido y el sentimiento de amistad y compañerismo que allí se respira. “La idea de organizar nuestra propia chaya surgió como una iniciativa que tuvo nuestro colega Alico Espilocín, que un año antes había iniciado la suya con la idea de rescatar esta tradición. Nos motivó y el tiempo y la gente hizo el resto…”, sostiene el destacado músico catamarqueño al tiempo que recuerda que el lugar fue elegido por su padre, el profesor Mario Gregorio Rodríguez, que por ese entonces formaba parte de la comisión de dicha institución vecinal.
Para quienes participan cada año de esta celebración en el corazón del barrio El Mástil, es inconfundible abstraerse de esa magia y energía que se contagia al ritmo de chacareras, zambas y chamamés. Todos bailan, todos cantan y todos disfrutan cubiertos de harina, como escondiendo la tristeza de todo el año y escondiendo cualquier diferencia posible, tal como aluden los tradicionales versos chayeros.
“Lo que vivimos en cada mes de febrero, en nuestra casa, nos obliga a asumir con más responsabilidad este evento. Nos dan más ganas de seguir tocando y organizar esta fiesta tan linda para la gente de Catamarca. Todos vienen a compartir con la familia y con sus amigos, que es lo que buscamos desde un principio. En la actualidad, a esta fiesta se la vive así y esperamos poder mantener en alto este espíritu en cada ocasión”, expresa por su parte Mario Rodríguez, la voz principal de un dúo artístico que desde hace mucho tiempo se ha adueñado del cariño y afecto de los catamarqueños, tanto por lo que hacen arriba de un escenario como también por lo buena gente que son.
Este año y con la conducción de Gabi Guía y Rubén Amado, una multitud pudo disfrutar de una amplia cartelera artística, entre los que sobresalieron Entre Takiris, Alico Espilocín, Los Quilmeños, Clave de Sueños, y la formación santiagueña Sombrita Algarrobera. Por supuesto, los dueños de casa (Emilio y Mario Rodríguez) dejaron su clásica impronta y ese repertorio que los caracteriza en cualquier escenario en el que les toque actuar.
Febrero es tiempo de chaya. Se trata de una tradición milenaria que se fue transmitiendo de generación en generación, a la cual se sumaron con el paso del tiempo la utilización de ciertos elementos como es la albahaca y algunos instrumentos como la caja que actualmente son característicos. En diferentes barrios y jurisdicciones las coplas y el encuentro colectivo rompen las rutinas cotidianas y buscan fortalecer los lazos sociales. Se trata de un tiempo donde se comparte, se canta y se baila, o sea se celebra la vida en comunidad. Y queda claro que en la chaya de los Hermanos Rodríguez no hay público: todos participan.
Con ocho ediciones, este festejo chayero en particular refleja identidad, memoria y pertenencia, que reafirma el orgullo por las raíces culturales. En cada puñado de harina y en cada copla improvisada, Catamarca, a través de la Chaya de Los Hermanos Rodríguez, vuelve a contar su historia y a celebrar lo que es.
La Chaya de Alico cumplió este 2026 una década de existencia. Fue la pionera y se inició un lunes 27 de febrero de 2017, cuando en la calle Hilarión Furque -en pleno epicentro del barrio General Paz- se levantó el primer escenario de un evento que, con el ineludible paso del tiempo, se adueñaría y hechizaría el corazón de todos los catamarqueños.
En la actualidad, es el espacio carnavalero más convocante, junto a la Chaya de los Hermanos Rodríguez. Pero su organizador, el notable músico y cantor Alico Espilocín le puso fecha de vencimiento: “Es la última edición de mi chaya. El mensaje y el objetivo que tuvo en sus inicios se cumplieron y hoy Catamarca disfruta de una celebración autóctona que se rescató con mucho esfuerzo y trabajo. El mensaje llegó y es el turno de otras iniciativas mantener una fiesta que los catamarqueños aguardan en cada mes de febrero”, sostiene este artista, con un marcado dejo de nostalgia.
“Hay que tener en cuenta los elevados costos que posee la organización de este tipo de eventos y como siempre dije, el día que cobre una entrada la dejo de hacer. Y en esta oportunidad, se tuvo que pedir la colaboración de un bono contribución porque los gastos son muchos y elevados. Hoy tengo que respetar mi palabra y por eso ésta puede ser la última edición de la Chaya de Alico”, agregó.
Por esta emblemática celebración pasaron decenas de artistas y hubo tantas canciones como puñados de harina lanzados al viento. La gente disfrutó durante diez años de un espacio al que hizo propio. Todos tenían su lugar: aquellos que querían cantar, como los que deseaban bailar. Pero también quienes deseaban vender sus productos y sentirse ayudados con sus ventas en un espacio que les brindaba la posibilidad de hacerlo sin pedir nunca nada a cambio.
Esta fiesta se caracterizó por la presencia de miles de personas que se daban cita para colmar el espacio elegido para su realización. Se trabajó de manera consciente para brindar a los vecinos la posibilidad de bailar, cantar y festejar sin que importe en demasía si se conoce o no al que se tiene parado al lado. Fueron diez años donde el horizonte fue defender las tradiciones y promover la identidad cultural. Hoy, llegó el tiempo del recuerdo y nostalgias, de páginas escritas en la historia, pero el pueblo y la gente mandan: Hay quienes no se resignan a que este espacio continúe brindando ese clima festivo que tuvo en sus orígenes y que brota del corazón, al cual toda Catamarca abrazó con el alma.
Con el apoyo del Ministerio de Cultura, Turismo y Deportes de la provincia, diferentes celebraciones chayeras se materializaron en esta ciudad. Al ritmo de las cajas chayeras y con la impronta de los duendes del carnaval también se desplegaron otros festejos carnavaleros como lo fue la Chaya de Los Galleguillos, que se realizó en la finca La Mabel en Valle Viejo, evidenciando un espíritu de reencuentro y hermandad, además de contar con una cartelera de excelencia con la presencia de artistas de primera línea como Roxana Carabajal, Juanjo Abregú, Malena Garnica, Los Duarte y las expresiones locales de las Voces del Viento, Carlos Di Pardo y Nico Galleguillo.
También se desarrollaron la Catuchaya y la Chaya de la Caravana Catucha, ambas en el Club Sarmiento. A ellas, se sumó el Carnaval del Valle en Fray Mamerto Esquiú y la Chaya de las Comadres en el complejo Urbano Girardi. Tampoco estuvieron ausentes los tradicionales Jueves de Compadre y Comadre. También brindaron su aporte carnavalero la Chaya Libre y Suelta que se materializó en el Centro Cultural Villa Dolores y el carnaval desplegado en el Complejo Terrazas. En diferentes plazas de la ciudad y del interior provincial se pudo vivenciar esta fiesta ancestral.
Música de excelencia y bastante alegría, fueron los principales condimentos que mostraron estos espacios en particular y que los catamarqueños aceptan gustosos y disfrutan a pleno en cada mes de febrero.
Texto y Fotos: Colaboración de Javier Villacorta