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Cara y Cruz

Hombres de poca fe

En esta tierra piadosa de la Virgen del Valle, la fe lleva muchas veces a olvidar...
29 de enero de 2022 - 02:15

En esta tierra piadosa de la Virgen del Valle, la fe lleva muchas veces a olvidar aquello de “a Dios rogando y con el mazo dando”. Cunden los ejemplos.

El obispo Luis Urbanc supo atribuir en 2016 a la intervención divina que una docena de peregrinos santiagueños no perecieran al volcarse el camión que los trasladaba como si hacienda fueran en la Cuesta del Portezuelo.

“Gracias, Madre, por haber cuidado a tus hijos peregrinos, en especial a los santiagueños que tuvieron un percance en la Cuesta del Portezuelo, sin tener que llorar víctimas fatales. Gracias, Madre del buen viaje”, agradeció en el cierre de las festividades marianas de aquel diciembre, sin aludir a las deficiencias de los controles camineros que habían permitido circular el vehículo en transgresión a las normas del tránsito y la más elemental prudencia.

La Legislatura sancionó el feriado del 7 de septiembre como Día del Milagro, debido a que no hubo que lamentar víctimas fatales en el sismo que sacudió Catamarca en esa fecha del año 2004.

Hubo que combatir a algunos herejes que pretendían achacarle al temblor la muerte de una mujer que se había producido pocos días después por las lesiones que sufrió al caérsele encima mampostería de la Catedral Basílica aflojada por el movimiento telúrico, pero se consiguió mantener impoluto el fenómeno divino a los efectos legales.

También se cargaba en el haber milagrero la demora en la llegada del COVID-19. A nadie se le ocurrió evaluar lo acotado del beneficio cuando la peste por fin desembarcó, mucho menos cuando se cobró la primera vida. Es justo consignar, no obstante, que Urbanc trató de santificar la pandemia en una de sus más recordadas reflexiones teológicas, cuando la consideró una “bendición” para asombro de autoridades, funcionariato y público que asistían a la inauguración de las obras en la Plaza del Maestro.

Como se sabe, Catamarca tiene desde junio de 2020 doble protección. Además de la Morena, puede contar con las gestiones ante el Eterno del beato Fray Mamerto Esquiú, pero se ve que el hombre está tan desbordado por los pedidos que no pudo hasta el momento cumplirle al intendente del municipio que lleva su nombre, Guillermo Ferreyra, el módico requerimiento de que no se llueva su propia casa natal.

Es probable que al beato tenga la sotana por el piso y le parezca ya suficiente con haberle conseguido aportes por 12 millones de pesos del Gobierno de la Provincia para las refacciones. Ni para sereno sirve este muchacho, ha de rezongar.

Pero Ferreyra confía en que la influencia del célebre orador destrabe las gestiones. Mientras, considera que quienes lo cuestionan por las goteras son “caraduras” y “mala leche”.

“El Gobernador nos hizo un aporte para reparar las instalaciones, pero no es algo fácil, no es poner una membrana. Hay que poner andamios en toda la casa natal, lo que se debe reparar no es una parte del templete sino todo. Hasta el mismo Obispo lo dijo en su última visita. No es algo así nomás, lleva tiempo y lo que no hicimos en todo este tiempo, por la concurrencia de visitantes y porque la empresa constructora por la pandemia no podía hacerse cargo de la obra en ese momento, lo vamos hacer en el transcurso de este año”, prometió, como el ministro de Infraestructura y Obras Civiles Eduardo Niéderle el año pasado con el Hospital San Juan Bautista.

“Me sorprende la caradurez, nosotros siempre trabajamos con amor y dedicación, siempre firmes defendiendo cada paso que damos. Cuando uno escucha lo que dicen, nos molesta la injusticia. No la crítica, porque siempre es bienvenida y aprendemos de ella, pero ya cuando son criticas de mala leche no sirve. Necesitamos una sociedad que ayude a construir, no que aporte mensajes con tonteras que solo nos lleva a la división”, determinó.

Valiente Ferreyra. Un cruzado en lucha sin cuartel contra los hombres de poca fe.n

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