El pasado 15 de septiembre Gladis Guitian fue asesinada. Recibió nueve impactos de arma de fuego en el paraje El Divisadero, Cafayate, Salta, según reveló el informe preliminar de autopsia. Su muerte no es un hecho aislado, sino el trágico final de una historia marcada por la violencia que comenzó años atrás en los cerros de San Antonio del Cajón, en Santa María, Catamarca.
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Gladis y una historia marcada por la violencia estructural
Según la autopsia, recibió nueve disparos. Su ex pareja, el sospechoso, continúa internado en grave estado.
La investigación está a cargo de la fiscal de la Unidad de Femicidios María Luján Sodero Calvet. Fuentes judiciales salteñas consultadas por El Ancasti indicaron que la representante del Ministerio Público Fiscal avanza con la investigación de un caso que sacó a la luz una historia de violencia estructural que marcó la vida de esta víctima catamarqueña.
Gladis tenía 36 años. Era oriunda de San Antonio del Cajón, Santa María. El lunes 15 de septiembre, alrededor de las 17.30, recibió nueve impactos de arma de fuego en el paraje El Divisadero, Cafayate, según reveló el informe preliminar de autopsia. La ex pareja de la víctima, sindicado como sospechoso, se encuentra hospitalizado en la ciudad de Salta con pronóstico reservado. La fiscal Sodero Calvet y personal de la Fiscalía se trasladaron el lunes a esa ciudad, a efectos de recoger testimonios de utilidad para la causa. También se cumplieron diversas diligencias solicitadas para lograr el esclarecimiento del hecho.
La muerte de Gladis deja tres chicos sin madre, una familia destrozada y pone en evidencia la necesidad urgente de fortalecer las redes de protección y acompañamiento para las mujeres en situación de violencia, especialmente en las zonas más vulnerables y aisladas del país.
Historia
La historia de Gladis está atravesada por la pobreza y la violencia de género que azotó a su familia. El Ancasti buscó información sobre su vida. Según contaron algunas personas que conocieron a Gladis, las mujeres de su entorno familiar habían atravesado situaciones de violencia y tuvieron asistencia en el Hogar Warmi, en la Capital. Gladis decidió irse a Cafayate en busca de una nueva oportunidad. En Salta no habría denuncias previas que alertaran sobre la situación de riesgo que vivía.
Magdalena Vargas, jefa de Identidad de Género de la Municipalidad de Santa María, conocía bien la historia familiar. La funcionaria comunal también trabajó en “Aquí y Ahora a Tu Lado”, una ONG de referencia en la comunidad santamariana.
Vargas comentó que había trabajado con una familiar de Gladis cuando estuvo alojada en Warmi. "Es lo que Gladis quizás no pudo y no tuvo la oportunidad allá en Cafayate: el acompañamiento y la importancia del acompañamiento", reflexionó. También reflexionó sobre la importancia de no soltar a las mujeres en situación de violencia. "Podemos acompañar y soltar creyendo que ellas están fuertes y no es así", advirtió. La localidad de San Antonio del Cajón se encuentra a 123 kilómetros de la ciudad de Santa María, cabecera del departamento homónimo (entre esta cabecera departamental y la Capital catamarqueña hay otros 314 kilómetros).
La funcionaria, con 13 años de experiencia en acompañamiento a víctimas de violencia de género, destacó que el aislamiento geográfico agrava la situación. "El solo hecho de ser de una zona inhóspita San Antonio del Cajón, más allá que me digan ‘bueno, sí, tienen internet, pueden tener un montón de cosas que se han actualizado’, lo mismo (las personas) siguen estando lejos, lejos de todo".
Esta situación también afecta a los hijos de Gladis. De acuerdo con información a la que pudo acceder El Ancasti, se destacó la labor de la Dirección de la Mujer de Cafayate, Salta. Entre las primeras gestiones se resolvió que los niños permanezcan en Cafayate, su centro de vida, a fin de continuar asistiendo a su escuela, con su entorno. El crimen de Gladis evidencia cómo la violencia de género se reproduce en contextos de pobreza y aislamiento y afecta a familias enteras. La falta de redes de contención y acompañamiento sostenido en el tiempo puede ser determinante en estas tragedias.
En alerta
La violencia de pareja representa una de las formas más frecuentes y peligrosas, ya que el agresor utiliza la confianza y la intimidad para ejercer control y dominación. No estás sola. La denuncia es el primer paso para romper el ciclo de violencia y acceder a la protección del Estado y organizaciones especializadas.
¿Dónde buscar ayuda?
- Para hacer denuncias se puede recurrir a la Unidad Judicial Especial de Violencia Familiar y de Género; en Capital (Esquiú 315) y en Valle Viejo (Félix Placita 155). También están disponibles la Fiscalía General (Roca 50) y los Juzgados de Familia (Av. Juan de Almonacid 1439). En el interior, en comisarías o Juzgado de Paz. La violencia de género no es un problema privado: es un delito que requiere intervención del Estado y el acompañamiento de la comunidad.
Jamás soltar y siempre acompañar
La violencia de género puede manifestarse de múltiples formas y afecta a mujeres de todos los sectores sociales. Los especialistas la definen como cualquier acto que cause daño físico, psicológico, sexual o económico hacia las mujeres, tanto en espacios públicos como privados.
Esta violencia no siempre es evidente. Puede comenzar con control sobre las actividades cotidianas, aislamiento de familiares y amigos, o manejo del dinero. También incluye humillaciones, amenazas y celos excesivos que van escalando en intensidad. La violencia económica es particularmente invisibilizada: impedir que la mujer trabaje, controlar sus ingresos o no cubrir gastos básicos del hogar son formas de ejercer poder y dominación.
Según la experiencia de quienes trabajan en el acompañamiento, el primer paso para salir del ciclo de violencia es reconocer la situación y buscar ayuda. "No soltar" a las mujeres en este proceso es fundamental, ya que abandonar una relación violenta es un camino complejo que requiere contención sostenida.