miércoles 22 de junio de 2022

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Cara y Cruz

Gasoducto ENCATA

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6 de junio de 2022 - 01:05

El incidente que precipitó la eyección de Matías Kulfas del Ministerio de Desarrollo Productivo arrojó indicios de una cruda disputa por la manipulación de las licitaciones del Gasoducto Néstor Kirchner que, obviamente, dieron pie a las exigencias de la oposición para que se investiguen.

Se trata de la obra de infraestructura más importante del Gobierno nacional, cuya narrativa la presentaba a la sociedad en marcha cuando en realidad todavía está tan verde que el conflicto en torno a Kulfas se desató por las dudas sobre la adquisición de los caños y válvulas.

Para defenderse de las denuncias de corrupción deslizadas en el “off the récord” atribuido a Producción, los cristinistas que manejan Energía Argentina tuvieron que admitir el fracaso de la licitación de las válvulas y que los trabajos están paralizados. Por falta de transporte, Vaca Muerta produce más gas del que se puede utilizar, mientras el país debe aprovisionarse de gas importado.

Si hubiera que atenerse al discurso oficial previo al despido fulminante de Kulfas tras un tuit de Cristina, la solución de esta deficiencia es inminente, pero la ferocidad de los litigios intestinos derribó la mistificación y ahora habría que prepararse para una saga tipo la de las cloacas de Valle Viejo, que todavía dan tela para cortar.

Estas falacias publicitarias forman parte del manual político nacional. Para no ser injustos, corresponde recordar que tampoco el macrismo se privó de agobiar audiencias con versos como el del fabuloso Plan Belgrano que revertiría para siempre desventajas competitivas del Norte respecto de la Pampa Húmeda, que ahí siguen de lo más vigentes y peor que antes incluso.

En tierras catamarqueñas, la mismísima Cristina Fernández de Kirchner protagonizó un episodio emblemático en esto de las puestas en escena, con la inauguración falsa de una “fábrica recuperada”.

Fue el 23 de febrero de 2011, en plena campaña por las elecciones que Lucía Corpacci le ganaría a Eduardo Brizuela del Moral el 13 de marzo.

Cristina, que preparaba su reelección, desembarcó a respaldar a Corpacci y fue la figura central de un acto marcado por la incomodidad de Brizuela del Moral. En los prolegómenos hubo escaramuzas violentas entre grupos de militantes antagónicos.

La Presidenta reabrió en El Pantanillo las puertas de ENCATA, una fábrica dedicada a las impresiones flexográficas (etiquetas que se colocan en envases) de diversos productos, que había declarado su bancarrota en 2010 y pasado a formar parte del programa "fábricas recuperadas” que impulsaba el Gobierno nacional.

“Hoy le hemos devuelto la dignidad a los trabajadores”, dijo Cristina al habilitar las instalaciones, que habían sido entregadas a una cooperativa conformada por trabajadores de la firma.

Fue un acto de altísimo impacto emotivo, trasmitido por cadena nacional.

Pero ENCATA nunca volvió a funcionar.

“Nos falta la materia prima y sin eso es imposible hacer cualquier compromiso productivo. Estamos tratando de conseguir los fondos a través de Desarrollo Social de la Nación y también un aporte del INAES (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social), pero para este año ya no va a ser posible”, explicó todavía esperanzado el tesorero de la cooperativa, Aldo Agüero, en noviembre de ese 2011.

Cristina ya había obtenido su reelección, por paliza.

Seis años después, la Justicia ordenó el remate de la “fábrica recuperada”. Oficialización de la farsa, pero es todo un honor para Catamarca haber sido escenario de tan nítida exhibición del relato. Casi que correspondería que gasoducto todavía en veremos sea rebautizado ENCATA.

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